Rafael Alfonso Campos Romero, 17 de mayo de 1970 – 27 de mayo de 2026
Ángel Rafael Martínez Alarcón
El pasado miércoles 27 de mayo de este año 2026, la vida se me partió en dos con una sola llamada, de camino a mi centro de trabajo en Coatepec.
Esa mañana había preparado mi agenda con la ilusión de reencontrarme con un gran amigo y ex compañero del doctorado en el Departamento de América I de la Universidad Complutense de Madrid, en el decimotercer piso de la Facultad de Geografía e Historia. El escritor Jorge F. Hernández, invitado a la Feria Internacional del Libro Universitario de la Universidad Veracruzana, presentaría esa tarde su reciente novela *Alicia nunca miente* (2025), bajo el sello de Alfaguara. Todo era alegría. Pero el teléfono sonó y todo cambió.
—Rafa, murió tu tocayo, el Bolsas.
Casi me infarto. Apenas hace días había cumplido 56 años. Un mundo de recuerdos me cayó encima como un derrumbe. Mis planes de reunirme con Jorge F. Hernández se volvieron ceniza.
Nuestro último encuentro fue hace apenas un mes, en el café de Don Justo, en el centro de la ciudad. Esa tarde de abril nos cambiamos de silla porque el trinar de los pájaros, que a las seis de la tarde regresan a su árbol para dormir, nos pedía otro rincón. Nos pasamos a un lado, y con una sonrisa me mostró una fotografía: el arzobispo de Xalapa, Jorge Carlos Patrón Wong, ofreciéndole al Sumo Pontífice café de la región. "Mira", me dijo cómplice. Como siempre con Rafa Campos: siempre tenía entre manos todo tipo de proyectos literarios, musicales, guiones, históricos. El proyecto en puerta era escribir una biografía del profesor Adalberto Lara Hernández (1895-1970), cuyo nombre lleva su centro de trabajo como docente de educación básica. Durante tres horas conversamos sobre la importancia de las fuentes para escribir una biografía. Él, egresado de la Escuela Normal Veracruzana, con una larga trayectoria como burócrata de la educación en Veracruz, era muy cuidadoso con sus fuentes. En nuestra ciudad de Xalapa, ese profesor tiene una escuela y una calle en la colonia Aguacatal. Rafa lo sabía todo.
Esa mañana del miércoles no hice más que recordar al Bolsas, como muchos de sus amigos le llamábamos con cariño. Ambos nacimos y crecimos en el centro histórico de Xalapa: él en el corazón del centro, yo en la Cruz de la Misión. Nos conocimos en los primeros cursos de verano del recién fundado Ágora de la Ciudad (1979), seguramente en uno de pintura o dibujo. Fuimos creciendo, nos saludábamos. Pero fue en mi centro laboral, el Instituto de Intercambio Cultural México-URSS "José Mancisidor", ubicado en la avenida de las Américas 192, altos, donde la amistad se fortaleció. Él, ya en secundaria, empezó a frecuentarme al instituto. Ahí había un arsenal de propaganda del país de los soviets: boletines de información de la embajada de la URSS en México que se distribuían gratuitamente por correo, sedes diplomáticas, institutos de relaciones culturales. Rafael Campos tenía una observación muy puntual sobre los materiales y su producción editorial, desde el formato hasta los colores. Siempre con prisas. Esa actividad continuó en el bachillerato, ya más crítico, pero nunca dejó de leer los materiales producidos por la Agencia de prensa Novosti.
Llegó su tiempo de alumno de la Centenaria y Benemérita Escuela Normal Veracruzana. Para aquellos tiempos ya era una estrella juvenil del fútbol. Continuó visitando el instituto por la propaganda soviética, y se convirtió en líder de los estudiantes de la Normal, sustituyendo en dicho liderazgo a otro estimado amigo y compañero en Historia, Guillermo Manzano. También en esa etapa fundó su grupo musical "Jugosos Dividendos", con letras de su inspiración. Así, poco a poco, se fue ganando un espacio en la vida cultural de Xalapa. Destacó como guionista y conductor en programas de Radio Universidad Veracruzana, y más tarde como creador de contenido para el canal estatal del 4 más de Veracruz, fundado por don Rafael Hernández Ochoa. También incursionó como guionista en Televisa, en la serie *María de los Ángeles de todos los santos*.
Como escritor de la Editorial Ánimas, fundada por el empresario xalapeño Rodrigo Fernández Chedraui, Rafael Campos escribió tres excelentes biografías de veracruzanos ilustres del siglo XX. Empezó con la biografía de don Justo F. Fernández López (1914-2001) y de Antonio Chedraui Caram (1923-1988), dos importantes empresarios de la ciudad que los vio nacer, con una magnífica colección fotográfica. También la del ex gobernador don Rafael Hernández Ochoa (1915-1990). Durante la redacción de dichas obras, me dio la oportunidad de colaborar con él. Como especialista en historia, con honestidad académica, dominaba con plenitud la redacción y la parte histórica, y sabía preguntar con toda humildad. Hoy, con su partida física, sería necesario recopilar toda su producción escrita en su versatilidad: poesía, música, historia, guiones. Tengo la seguridad de que es una obra abundante.
En Acrópolis, el espacio editorial de la Universidad de Xalapa, me invitó a participar en la elaboración de cápsulas históricas. Con una enorme vocación para dirigir frente a las cámaras, fue una experiencia inolvidable.
También tuve la oportunidad de verlo como asesor político en un número importante de campañas electorales. Su profesionalismo ante candidatos de diversas fuerzas políticas siempre fue impecable. Y siempre trabajó con una sonrisa a flor de piel.
La velación de sus restos en Bosques de Recuerdo, en la funeraria ubicada en la avenida Rafael Murillo Vidal, convocó al mundo intelectual y cultural de nuestra ciudad. Todos los presentes teníamos los rostros de tristeza por la prematura muerte del amigo, del compañero de un sinfín de actividades culturales. Largas letanías de anécdotas con el Bolsas se escuchaban entre nosotros. Con apenas 56 años de edad nos abandona. Su capilla ardiente, acompañada de todos los arreglos florales y coronas, se llenó de recuerdos. Pasada la media noche, el son jarocho empezó a tocarse.
En la madrugada de regreso casa, el taxista me pregunto por el velorio, de Rafa Campos, me informó que habian jugado futbol en Coatepec, y le habia revisado sus libros…
Hasta siempre, querido amigo de la vida.
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