Sergio Galindo Márquez: El arquitecto de las letras y la memoria (1926-1993) #6515

 Sergio Galindo Márquez: El arquitecto de las letras y la memoria (1926-1993)

 

Ángel Rafael Martínez Alarcón

 

El siglo XX xalapeño vio nacer, entre el susurro de la niebla y la discreción de sus calles empedradas, a la figura emblemática de la literatura veracruzana contemporánea: Sergio Galindo Márquez. El próximo 2 de septiembre de 2026 se cumple el primer centenario del natalicio de quien no solo fue mi amigo personal, sino una de las plumas más agudas y sensibles de las letras hispanoamericanas; la Universidad Veracruzana ha preparado una serie de homenajes para uno de sus excelsos universitarios.

 

Nacido en la emblemática calle de Insurgentes del centro histórico de Xalapa —muy cerca del tradicional barrio de San José—, Galindo llegó al mundo en 1926. En aquella capital pueblerina, bajo el episcopado de San Rafael Guízar y Valencia (1878-1938) —quien probablemente le impartió la confirmación en la clandestinidad—, la gubernatura del general Heriberto Jara Corona (1879-1968) y el apogeo del movimiento estridentista liderado por Manuel Maples Arce (1900-1981), la familia Galindo Márquezcomenzó a trazar una impronta profunda que abarcó la cultura, el ámbito empresarial y el espacio religioso de la región. Eran las primeras semanas del inicio de la Guerra de los Cristeros para algunos; para otros, el cierre de los templos católicos en el territorio nacional. Por esos años, en el occidente del país, crecía un niño de 9 años llamado Juan Rulfo (1917-1986).

 

El matrimonio Galindo Márquez se había asentado en la ciudad de Xalapa a principios del siglo XX. Ella procedía del estado de Tlaxcala; Miguel Galindo Sánchez, que nació en Huamantla, y Bertha Márquez Calderón, que nació en Zacatlán, Puebla. El matrimonio procreó 12 hijos; Sergio fue el antepenúltimo de sus hermanos. Siendo estos: Manuel, Bertha, Emma, Alicia, Alfonso, Raúl, Ramón, José, Ana, Gustavo, Sergio Héctor Luis.

 

Sergio Galindo Márquez formó su familia con la señorita Ángela González Naveda; ella era hija de José González García, oriundo de Cangas de Onis (Asturias), y de Teodora Naveda García, nacida en Mar del Plata, Argentina. Ángela y Sergio se conocieron en la escuela primaria. Hace 70 años, en 1956, se casaron en la población de Las Vigas de Ramírez. De esa unión matrimonial nacieron sus hijos: Ana Mónica, Juan Gustavo, Sergio José, Manuel (fallecido), Ángela y Sebastián.

 

**El visionario de la edición y la docencia**

 

Formado en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y en París, la grandeza de Sergio Galindo trascendió las fronteras de la propia creación. Durante la rectoría del Dr. Gonzalo Aguirre Beltrán (1908-1996) en la Universidad Veracruzana, Galindo asumió una tarea titánica: la fundación de la Editorial de la Universidad Veracruzana y de la mítica revista *La Palabra y el Hombre*. La Universidad Veracruzana era de las más jóvenes del país, fundada durante el sexenio del general Manuel Ávila Camacho. La Escuela Normal Veracruzana, en ese año de 1926, celebraba su cuarenta aniversario de fundación. El Seminario Mayor de la Iglesia Católica cumplía 62 años de su apertura, sin olvidar la Escuela Industrial para Señoritas. Ese era el ambiente cultural de la pequeña ciudad capital de los veracruzanos.

 

A través de esta plataforma, dio cabida a la célebre "Generación de Medio Siglo" y abrió las puertas del mundo editorial en México a titanes de la literatura universal como Gabriel García MárquezÁlvaro MutisJosé RevueltasLuisa Josefina Hernández Elena Poniatowska. Su gestión cultural lo llevaría más tarde a encabezar el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y a ocupar la silla XXVI de la Academia Mexicana de la Lengua, cosechando reconocimientos internacionales de naciones como Gran Bretaña, Polonia y Yugoslavia.

 

**Narrativa de una sociedad y vivencia personal**

 

Su vasta obra literaria constituye un espejo transparente y, a veces, incómodo de la condición humana. Desde *La máquina vacía* (1951) y *Polvos de arroz* (1958), hasta *El bordo* (1960), *La comparsa* (1964) y la aclamada *Otilia Rauda* (1986), Galindo capturó la psicología de la sociedad xalapeña con una finura estética incomparable.

 

En mi juventud, la obra de Sergio Galindo fue fundamental en mi formación. Estos días fui a mi biblioteca y resulta que, por haber prestado su obra, solo conservo cinco títulos. También viene a mi memoria la emoción que le causó en aquellos años un joven aspirante a escritor —y hoy ya consagrado en las letras mexicanas—, mi amigo Rafael Antúñez Jaime, al conocer en persona a Galindo Márquez.

 

Mi primer encuentro con don Sergio... En el ambiente del hogar se hablaba de su obra; era un xalapeño ilustre vivo, y físicamente cuando lo conocí en persona ocurrió el lunes 18 de agosto de 1984, cuando el Ayuntamiento Constitucional de Xalapa, encabezado por el abogado y político Ignacio González Rebolledo (1936-2022), lo nombró Hijo Predilecto de la ciudad. Tras el acto oficial en el Salón de Cabildo, más tarde reunidos en el Casino Español junto a su familia, recibí de él una de esas lecciones cotidianas que se quedan para siempre: el arte de descorchar y servir una copa de vino tinto. Desde entonces, cada brindis evoca la calidez de su presencia. En las actas de cabildo de 1984 se localizan los discursos pronunciados en tan importante acto cultural para la ciudad de Xalapa, destacando las palabras del síndico del Ayuntamiento, el culto Armando Méndez de la Luz. El fotógrafo español Miguel Ángel Quijada Soto (1945-2014) fue el fotógrafo oficial tanto en el evento del Palacio Municipal como en el privado del Casino Español.

 

**El descanso en Las Vigas**

 

Sergio Galindo nos dejó un 3 de enero de 1993, a los 67 años, tras sobrellevar con estoicismo el enfisema pulmonar y el dolor ineludible por la pronta partida de su hijo Sergio José. Luego de sentidos homenajes en el Salón Azul de Humanidades y en el Museo de Antropología de Xalapa —donde tuve el honor de acompañar al exrector Gonzalo Aguirre Beltrán y al gobernador Patricio Chirinos Calero—, sus cenizas fueron esparcidas en la serenidad de El Bordo, en el municipio de Las Vigas de Ramírez, el mismo paisaje que inmortalizara en su narrativa.

 

A cien años de su nacimiento, la herencia de Sergio Galindo permanece viva en la memoria colectiva, en la Feria Internacional del Libro Universitario con el Premio Latinoamericano de Primera Novela que lleva su nombre, y en cada página donde retrató la luz y sombra de nuestra tierra. Rendir tributo a su memoria es celebrar la universalidad de la cultura veracruzana. La obra del Premio Nobel de Literatura 1982, Gabriel García Márquez (1927-2014), no se entiende sin la participación del xalapeño Sergio Galindo para publicar el primer libro de su autoría fuera de Colombia, bajo el sello editorial de la Universidad Veracruzana.

Gloria Sánchez Hernández, y la Medalla Heberto Castillo Martínez (1928-1997) #6515

 Gloria Sánchez Hernández,  y la  Medalla Heberto Castillo Martínez (1928-1997) #6515

 

Ángel Rafael Martínez Alarcón

 

 

 

La Honorable Legislatura Local de Veracruz, en su LXVII legislatura, ha designado a la maestra Gloria Sánchez Hernández como la merecedora de la Medalla Heberto Castillo Martínez 2025. Quiero felicitar de corazón a los diputados por tan acertada decisión, porque difícilmente podría encontrarse una figura más digna y auténtica que ella.

 

Quien conoce a la maestra Gloria —como la llamamos con cariño desde hace décadas— sabe que no es una militante de ocasión ni una advenediza del discurso transformador. En esta llamada "cuarta transformación" que tanto se pregona para regenerar la vida pública del país, Gloria Sánchez es, sin duda, una de las pocas militantes de Morena que nunca tuvo militancia en el Partido Revolucionario Institucional. Ella ha sido siempre de izquierda, de la verdadera, de la que duele y compromete, en tiempos donde abundan los farsantes que se disfrazan de progresistas. No como otros que, ante el desaire de una candidatura, rompen con su partido y cambian de camiseta. Ella ha sido fiel a una misma vertiente.

 

Con Gloria me unen muchos recuerdos que vienen desde 1982. Yo era entonces un joven colaborador del Instituto de Intercambio Cultural México-URSS "José Mancisidor", y ella formaba parte de la Casa de Relaciones México-Cuba. Realizamos muchos eventos conjuntos, y recuerdo con especial cariño a su esposo, Francisco, siempre amable y atento conmigo.

 

Fue la maestra Gloria la primera persona que me invitó a militar en un partido distinto al PRI. En aquellos años, eso era todo un acto de rebeldía, pero también una condena: ser perseguido por no pertenecer al partido gobernante. Así conocí el Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT), donde la acompañé en eventos, campañas testimoniales y largas reuniones en su antigua casona del centro de Xalapa, en la esquina de Lucio y Juárez. Recuerdo las consignas, y con mucho cariño, aquellas canciones de la Nueva Trova Cubana que sonaban casi en secreto, junto a lecturas marxistas y trotskistas. Eran tiempos duros, pero también de hermandad y de fe.

 

El pasado 12 de mayo de 2026, la maestra Gloria Sánchez celebró sus primeros 80 años de vida. Los celebró acompañada por la enfermedad, pero también por el amor y el respeto de quienes hemos sido testigos de su entrega en todas las trincheras. Nacida en Xalapa, estudió en la Centenaria y Benemérita Escuela Normal Veracruzana y en la Facultad de Idiomas de la Universidad Veracruzana. Su vida profesional la ejerció en las aulas, siempre defensora del magisterio y de los derechos sindicales.

 

Más tarde, su militancia en los partidos de izquierda —el PMT, el PSUM, el PMS, el PRD y finalmente Morena— la llevó a ser perseguida por las fuerzas de seguridad del Estado, como tantos otros que en aquellos años llegaron a la cárcel o fueron desterrados a las Islas Marías. Hoy, el gobierno tiene otros brazos armados, pero la lucha de Gloria sigue siendo la misma: por la justicia y la dignidad.

 

En los años 50 del siglo pasado, la familia Sánchez Hernández, vecinos de la colonia de los Maestros, sostuvo una lucha contra los vendedores ambulantes que pretendían apoderarse de la Rotonda, un espacio que se había pensado como panteón para los más ilustres docentes de la Normal, y que finalmente se convirtió en el mercado "Adolfo Ruiz Cortines", conocido por todos como "la Rotonda". Yo también he sido vecino de toda la vida; crecí en la Cruz de la Misión, y por eso sé de la tenacidad de esa familia.

 

Gloria Sánchez ha sido candidata a diversos puestos de elección popular. Hace cuarenta años fue candidata a la gubernatura de Veracruz por el PRT, elección que ganó el coronel don Fernando Gutiérrez Barrios (1927-2000). También fue candidata al Senado de la República y logró ser diputada federal en la LVI Legislatura (1994-1997) por el Partido de la Revolución Democrática. En 2018 fue senadora suplente de Morena, en fórmula con Rocío Nahle García. Al ser designada esta última secretaria de Estado, nuestra querida maestra Gloria asumió la titularidad en el Senado. Con el tiempo y su militancia en Morena, nos hemos distanciado un poco, pero siempre que nos vemos nos saludamos con el mismo cariño de siempre.

 

Gracias a Gloria Sánchez, hace más de cuarenta años conocí a un veracruzano del que solo habíamos leído en la prensa: el ingeniero Heberto Castillo Martínez (1928-1997), nacido en el norte del estado, colaborador del presidente Lázaro Cárdenas del Río, académico de la UNAM, inventor y, sobre todo, militante perseguido. Castillo Martínez fue un hombre que tendió puentes con todas las fuerzas políticas del país en busca de un México mejor. Estoy seguro de que hoy no estaría luchando contra este régimen de narcogobierno, sino que, como Gloria, seguiría en pie, firme y digno.

 

Por todo eso, maestra Gloria, reciba este reconocimiento no solo como un galardón oficial, sino como el abrazo sincero de quienes la hemos visto caminar sin claudicar. Usted es ejemplo de coherencia, de ternura y de lucha. Que esta medalla sea un pequeño reflejo de lo mucho que ha sembrado en nosotros. Tuvo una estrecha amistad con Herberto Castillo Martínez ¡Felicidades, querida maestra, y que su vida siga siendo faro para las nuevas generaciones!

Instituto Francisco Xavier Alegre, 1978-2026. Al servicio de la Educación

Instituto Francisco Xavier Alegre, 1978-2026. Al servicio de la Educación

Ángel Rafael Martínez Alarcón

 

El nuevo ciclo escolar 2026-2027, que dará inicio el próximo 31 de agosto, será distinto en la ciudad de Xalapa. El Instituto Francisco Xavier Alegre, A. C. ubicado en la avenida 20 de noviembre número 70, en el Centro Histórico, ya no abrirá sus aulas. Tras 48 años al servicio de la juventud xalapeña, el Patronato de la institución informó en las primeras semanas de julio, a través de las redes sociales, el cierre definitivo de sus puertas. Dicha escuela ofrecía educación en los niveles de secundaria y bachillerato, y en algún momento la sociedad xalapeña la conoció también como la Escuela Leonor Vignola.

 

En 1978, un grupo de laicos comprometidos de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana —no solo en el ámbito de la fe, sino también con sus familias— se unió para fundar una nueva institución educativa privada en Xalapa, con una clara vocación de servicio hacia un sector de la sociedad. Este proyecto recordaba aquel gesto de 1794, cuando el español avecindado en la villa de Xalapa, don Manuel de Boza, dispuso al morir que parte de su fortuna se destinara a crear una institución de primeras letras para los pobres e indígenas de la región. El proyecto de 1978 contó, además, con el apoyo del segundo arzobispo de Xalapa, Emilio Abascal y Salmerón.

 

Uno de esos laicos fue el insigne maestro Librado Basilio Juárez (1918-1994), quien fuera uno de los últimos alumnos de San Rafael Guízar y Valencia, y a quien este envió a formarse a Roma. A su regreso, Basilio Juárez se dedicó a la docencia en importantes instituciones de la ciudad, como el Seminario y el Colegio Preparatorio de Xalapa; fue también poeta y autor del himno de la Universidad Veracruzana. Junto a otros destacados miembros de la sociedad xalapeña, fundó el Instituto Francisco Xavier Alegre hace 48 años.

 

El año de 1978 fue fundamental en la historia mundial. En ese entonces hubo tres papas en el trono petrino: Pablo VIJuan Pablo I y Juan Pablo II. También fue el año del campeonato mundial de fútbol en la República Argentina. Ahora, el Instituto Francisco Xavier Alegre cierra sus puertas en el año del mundial de 2026, con sede en México, Estados Unidos y Canadá. En Xalapa, el alcalde era el hoy doctor Rubén Pabello Rojas, quien gobernó entre 1976 y 1979; en aquel entonces, la ciudad vivía diversas transformaciones urbanas.

 

El Patronato de la nueva institución recibió el primer apoyo de la Iglesia mediante el préstamo de una propiedad ubicada en la calle de Altamirano, esquina Betancourt, en el centro histórico, propiedad de la señora Leonor Vignola Pelossi. Por ello, el imaginario colectivo la conocía como la Escuela Leonor Vignola; los fundadores también utilizaron ese nombre, aunque siempre prevaleció el del jesuita veracruzano Francisco Xavier Alegre (1729-1788). Filósofo, teólogo, canonista, historiador, geógrafo y traductor, Alegre fue expulsado junto con sus hermanos de la Compañía de Jesús por Carlos III en 1767, hace 259 años.

 

La Acta Constitutiva de la Asociación Civil fue firmada, en orden alfabético, por: profesor Ambrosio Soto Alemán, señor Basilio Rafael Hernández Guerola, señorita Carolina Pérez Vignola, señor Cristóbal Marqués López, licenciado Emilio Palacios Ríos, señora Gloria Rosas de Balderas, licenciado José Ángel Torres Robles, licenciado Librado Basilio Juárez, señorita María del Carmen Torres Robles, señor Miguel Ángel Torres Robles, señor Miguel Rosas López, licenciado Pedro Pérez Vignola y L.A.E. Víctor Manuel Palacios Sosa. Posteriormente se unieron el señor Enrique Eguía Sariego y el ingeniero Gustavo Manuel Balderas Rosas. Todos ellos han sido ciudadanos muy honorables de nuestra ciudad, no solo por su ejercicio profesional, sino por su auténtico humanismo cristiano.

 

A lo largo de casi cinco décadas de funcionamiento, el Instituto Francisco Xavier Alegre contó con el apoyo moral y religioso del tercer arzobispo, cardenal Sergio Obeso Rivera (1931-2019); del cuarto, Hipólito Reyes Larios (1946-2021); y del quinto arzobispo, Jorge Carlos Patrón Wong. La sociedad xalapeña siempre tuvo entre sus preferencias los servicios educativos del instituto fundado en 1978, debido a la formación integral que recibían sus alumnos, no solo en lo académico, sino también en lo moral. Así, los estudiantes destacaron no solo en el plano académico —siempre como dignos representantes—, sino también en el deportivo y en los temas de la fe.

 

El Instituto Francisco Xavier Alegre, A.C., tuvo como máximo órgano de gobierno al Patronato, el cual siempre actuó fiel a la iniciativa privada y nunca recibió apoyos económicos del Estado. El Patronato trabajó con imaginación para la obtención de recursos, y gracias a sus excelentes finanzas logró consolidar el proyecto con un edificio funcional para la impartición de la educación, en la avenida 20 de noviembre, en 1989. El Patronato fue presidido por distintos integrantes de la Asociación Civil; entre ellos destaca, por más de treinta años, el ingeniero Agustín Basilio de la Vega, integrante de la primera generación de egresados de secundaria y bachillerato.

 

Sería larga la lista de premios obtenidos por los centenares de alumnos que participaron en los más diversos eventos deportivos, logrando importantes lugares, así como en actividades científicas y culturales, en las que el Instituto Francisco Xavier Alegre siempre dejó una extraordinaria huella, tanto en lo personal como en lo institucional. Tampoco se olvidan las exposiciones de pinturahttps://youtu.be/zgGeWTjhhQQ?si=42hvAqXLWLZy50s9 ni los festivales de Navidad. Mención aparte merece la producción editorial, con la publicación de libros como la propia biografía de Francisco Xavier Alegre —investigación del académico Hugo  Andrés Romero Valdés, bajo el sello editorial del desaparecido Instituto Veracruzano de Cultura—,  Francisco Xavier Alegre, historiador, traductor y poenta. 1998,  106 paginas. Así como los trabajos literarios surgidos de la pluma de los alumnos. Sin olvidar los primeros lugares en la prueba Pisa y Enlace. Un numero importante de los egresados logran lugares en universidades publicas como privadas.

 

Fueron directores del Instituto Francisco Xavier Alegre, A.C., en los niveles de secundaria, bachillerato o ambos —en orden cronológico desde su fundación hasta nuestros días— los siguientes: maestro Víctor Manuel Palacios Sosa (1978-1981); licenciado Pedro Andrés Pérez Vignola (1981-1981); maestra Gloria Rosas de Balderas (1981-1981 y 1982-1987); profesora Carmen Sandoval Pérez (1981-1982); maestro Carlos Moreno Castillo (1988-1989); maestra Irma Lilia Luna Fuentes (1988-1989); maestro José Gabriel Palacios Quiroz (1989-1990); maestra Olivia Rodríguez Suárez (1990-1992); maestra Sandra Elvira Hazas Arróniz (1992-2024); y nuevamente el maestro José Gabriel Palacios Quiroz (2024-2026).

 

Quien esto escribe vive agradecido al Instituto Francisco Xavier Alegre, A.C., por haber sido una de las primeras instituciones que me abrieron sus puertas para formar parte de su personal docente, en tres momentos de mi vida. Fue toda una escuela de grandes enseñanzas para todos. Hoy es triste saber que las nuevas generaciones de estudiantes xalapeños ya no tendrán la oportunidad de vivir esa experiencia educativa.

Un reconocimiento a los integrantes del Patronato por su fidelidad a la fe de la Iglesia Católica apostolica Romana, sin la necesidad de ir en busca de otros oriententes ajenos a su fe.

Siete décadas del Palacio Municipal de Xalapa. 13 de agosto de 1956 – 2026

 **Siete décadas del Palacio Municipal de Xalapa. 13 de agosto de 1956 – 2026**  

Ángel Rafael Martínez Alarcón.

 

 

 

*Xalapa, lo merece todo; sirvamos lealmente a la ciudad.*  

—*Diario de Xalapa*, 14 de agosto de 1956.

 

 

La ciudad de Xalapa experimentó una profunda transformación durante la década de los años cincuenta del siglo pasado, merced a la sinergia de un grupo de hijos ilustres de esta urbe. Unidos desde las aulas de la escuela primaria, cimentaron su amistad en el trabajo tesonero y, sobre todo, en la honradez, profesando un amor incondicional por la tierra que los vio nacer y crecer. Tal es el caso de Marco Antonio Muñoz Turnbull (1914-2001) y Justo Félix Fernández López, (1914-2002) ambos nacidos en 1914, cuando la ocupación estadounidense se asentaba en el puerto de Veracruz. El primero consagró su vida al servicio público; el segundo, al sector privado. Ambos constituyen un paradigma de entrega a las causas más nobles en pro de Xalapa.

 

Justo F. Fernández López, gracias a su amistad con los presidentes de la República Adolfo Ruiz Cortines (1890-1973) y Adolfo López Mateos (1909-1969)—quienes gobernaron el país entre 1952 y 1964—, logró obtener empréstitos por un millón de pesos, destinados a renovar la imagen de la capital veracruzana. La probidad en el manejo de los recursos generó la confianza necesaria para proseguir con las mejoras urbanas. Tal confianza, fincada en la palabra empeñada del gobernador, el empresario y los mandatarios federales, constituye, a mi juicio, un hecho insólito en la vida pública de Veracruz, pues cuando prevalece el auténtico espíritu de servicio a la colectividad, los recursos públicos se administran con rectitud. Lamentablemente, en los últimos doce años, los servidores públicos veracruzanos se han entregado al saqueo de las arcas estatales, en doloroso contraste con aquella época de rectitud.

 

Como presidente de la Junta de Mejoramiento Moral, Cívico y Material de Xalapa, Justo F. Fernández López tuvo la oportunidad de emprender obras de gran calado: escuelas, campos deportivos, calles y publicaciones librarias que aún hoy disfrutamos los xalapeños. A su vez, el gobernador Marco Antonio Muñoz Turnbull —todo un caballero en el ámbito político, guiado por la honestidad— supo respetar los fondos públicos y destinarlos al beneficio del pueblo. De su administración puede afirmarse que existe un Xalapa anterior y otro posterior a su gestión. Entre las obras más emblemáticas sobresale, sin duda, la construcción del Palacio Municipal de Xalapa, inaugurado el lunes 13 de agosto de 1956.

 

A lo largo de los últimos 505 años, Xalapa ha ocupado un lugar preponderante en la geografía nacional. Durante la Colonia, desempeñó un papel relevante con su monasterio franciscano y las ferias intercontinentales del siglo XVIII. Al finalizar dicha centuria, el monarca hispánico Carlos IV, (1748-1819) en diciembre de 1791, le otorgó el título de Villa y le concedió su escudo de armas, gracias a la gestión de los comerciantes peninsulares establecidos en esta población.

 

Desde la fundación del estado de Veracruz en el México independiente, la Villa fue designada capital, el 9 de mayo de 1824; no obstante, dicha capitalidad se trasladó en diversas ocasiones a otras ciudades. En 1830, la legislatura local le confirió el título de ciudad, y finalmente, en 1892, se le añadió el apellido de Enríquez, en memoria del gobernador Juan de la Luz Enríquez Lara, (1836-1892) quien en 1885 restituyó los poderes estatales a la ciudad.

 

Conviene hacer un breve recorrido por los espacios que han albergado a las autoridades municipales. Las primeras Casas Consistoriales, erigidas en 1794 conforme a la normativa virreinal —que ordenaba la proximidad de los poderes civil y eclesiástico—, ocupaban el sitio que hoy conocemos como Palacio de Gobierno. Dichas edificaciones fueron demolidas en la segunda mitad del siglo XIX. Posteriormente, se construyó el Primer Palacio Municipal, que luego sirvió como sede del Gobierno del Estado; en 1855, a su costado, se levantó el nuevo Palacio Municipal, el cual recibió en septiembre de 1911 la visita del entonces candidato presidencial Francisco I. Madero, (1873-1913). Un terremoto en 1937 dañó gravemente su estructura, por lo que fue derribado en 1939. El gobernador Miguel Alemán Valdés (1900-1983) prometió entonces un nuevo edificio, pero entre 1939 y 1956 la administración municipal funcionó en la calle de Rafael Lucio, en la conocida Casa de los Leones.

 

La última sede del gobierno municipal se eligió en la antigua residencia del exgobernador porfirista Teodoro A. Dehesa (1848-1936)—ubicada en la calle del Parque, hoy Enríquez—, que perteneciera a la familia Eguía. Tras largas negociaciones para adquirir el inmueble, gracias a las gestiones de los alcaldes Luis Benítez (19521955) y Rubén Pabello Acosta (19551958), se concretó su compra.

 

El lunes 13 de agosto de 1956 se vivió una verdadera jornada de regocijo, con la participación del gobernador del estado, el alcalde, empresarios, burócratas y el pueblo en general, quienes fueron testigos de tan memorable acontecimiento. El presidente municipal Rubén Pabello Acosta (1910-1999) justificó la elección de la fecha como un homenaje a la caída de MéxicoTenochtitlan. *El Diario de Xalapa*, en su edición del martes 14 de agosto de 1956 (año XIII, número 4387), tituló: *“Se abrió ayer otro capítulo en la historia de Xalapa”*. Días antes, en el Palacio de la Casa de los Leones, se había celebrado una ceremonia de despedida de las instalaciones que albergaron a la comuna desde 1939.

 

La construcción de la nueva casa consistorial estuvo a cargo del general e ingeniero Álvaro Rosado Osorio (18971960), director de Comunicaciones y Obras Públicas del Gobierno de Veracruz entre 1950 y 1956, quien supervisó la planeación y ejecución de la obra. Los planos fueron realizados por el arquitecto José Morales Nogueira, con honorarios sufragados por don Justo Fernández.

 

Durante la administración de Ignacio González Rebolledo como presidente municipal (19821985), y con el síndico primero Armando Méndez de la Luz, se logró ampliar el Palacio mediante la compra del inmueble donde funcionaba la tienda del ISSSTE; con el apoyo del gobernador Agustin Acosta Lagunes,(1929-2011). Más tarde, la gestión de Américo Zúñiga Martínez (20142017) también dejaría su huella en el edificio, cuyas oficinas ya habían sido ocupadas por su padre, el maestro Guillermo Zúñiga Martínez, (1943-2015) durante su mandato como alcalde (19881991).  Para 1992, visitó el Palacio, el Presidente de Guatemala, Jorge Eías Serrano.En el 2015, el muralista Melchor Peredo, (1927-2026) diseño un gran mural en la pared central del Palacio, mural nunca se realizó, dejando los bosquejos.

Hace 70 años la elite politica, economica y social de la ciudad de dieron cita para la inauguración; y 70 años despues los farsantes de la 4T que dicen que es la Casa del Pueblo, para la asistir  la sesión de solemen de cabildo debería tener la invitación con filo de oro, una invitación vip; que bueno que nos son iguales a lo que tanto han criticado.

 

A continuación, se relacionan los alcaldes que han despachado en el Palacio Municipal desde su inauguración, el lunes 13 de agosto de 1956:Rubén Pabello Acosta (19551958)  Carlos Lascuráin y Zulueta (19581961)  Fernando García Barna (19611963)  Carlos R. Smith (19631964)  Lorenzo J. Casarín Uscanga (19641967)  Otoniel Rodríguez Bazarte (19671970)  Pedro Coronel Pérez (19701973)  Carlos Domínguez Millán (19731974)  Jorge Uscanga Escobar (19751976)  Rubén Pabello Rojas (19761979)  Carlos Padilla Becerra (19801981) Enrique Hernández Crisanto (19821983)  Ignacio González Rebolledo (19831985) Salvador Valencia Carmona (19851986)  Manuel Fernández Ávila (19861988)  Guillermo Zúñiga Martínez (19881991)  Armando Méndez de la Luz (19921994)  Carlos Rodríguez Velasco (19951996)  María Amparo Álvarez Castilla (1997)  Rafael Hernández Villalpando(19982000) Maria Teresa Torres Chaires (2000) Reynaldo Gaudencio Escobar Pérez (20012004)  Armida Adriana Ramirez Corral (2004) presa actualmente por homicidlio y desapareición por instrucciones de la Morenista, Ana Gabriela Guevara. Ricardo Ahued Bardahuil (20052007) PRI. David Velasco Chedraui(20072010)  Elizabeth Morales García (20102013)  Américo Zúñiga Martínez (20142017)  Hipólito Rodríguez (20172021)  Ricardo Ahued Bardahuil MORENA (20212023)  Alberto Islas Reyes (20242025)  Daniela Guadalupe Griego Trigos (20262030).

Hay felicitar a la actual administración municipal por lo extraordinarios servicios de nigromancia, que logró extenderle una invitación a don Rúben Pabello Acosta,  para la conmemoración de los 70 años de la inauguración a pesar que ex diputado local muriera en julio de 1999, y lo extraordinaria que mandara una representación en la persona de su nieta la Dra.Marcelo Pabello Sosa, hija del doctor Ruben Pabello Rojas,extraordinario alcalde de nuestro municipio entre 1976 a 1979, y quien publico sus memorias de la administración que encabezó. Hasta el boletín de prensa se destaco la invitación del ex fundador en 1943, don Ruben Pabello Acosta.

El cronista emérito de Xalapa, el abogado de la Universidad Veracruzana, Vicente Rafael Espino Jara, publicó en octubre de 2016, en  Texto culturales de Xalapa. Cuadernos de dovulgación histórico-social del Maestro Vicente Espino Jara. Cronista Munipal:  Palacio Municipal: historia, arquitectura y patromonio xalapeño, 12 páginas.Con un tiraje 5000 ejemplares, dicha distrubución fue democratica para toda la población.

Antecedentes históricos de la UPAV a 15 años de su fundación

 Antecedentes históricos de la UPAV a 15 años de su fundación

Ángel Rafael Martínez Alarcón

El 11 de agosto de 2026 se conmemora el decimoquinto aniversario de la Ley de Creación 276, publicada en la Gaceta Oficial del Gobierno del Estado de Veracruz —número extraordinario 236, de fecha 1 de agosto de 2011—, así como del Decreto promulgado en el extraordinario 249, del 11 del mismo mes y año, mediante los cuales se instituyó la Universidad Autónoma Popular de Veracruz. El Dr. Javier Duarte de Ochoa, quien tomó posesión como Gobernador Constitucional para el periodo 2010-2016, anunció su creación el mismo día de su investidura, el 1 de diciembre de 2010. Hoy, aquel gobernador se encuentra recluido en la Ciudad de México, uno más entre los priistas señalados por corrupción; durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, un grupo de estos mandatarios fue encarcelado, aunque desde la Presidencia de la República hoy se aferra a una defensa férrea de los llamados "narcogobernadores" de la Cuarta Transformación, acusados por el Departamento de Estados Unidos y por el imaginario colectivo. Paradójicamente, cuanto mayor es la acusación, más inquebrantable parece el respaldo oficial, encarnado ahora en la Presidenta Claudia Sheinbaum.

Causa profunda conmoción constatar que, en menos de dos años, la UPAV ha transitado, durante la actual administración estatal, de una universidad corrupta a una universidad mafiosa. No ha sido la oposición, sino voces internas, quienes han sacado a la luz esta lamentable deriva. El año pasado, el exrector de este sexenio y dos de sus colaboradores fueron encarcelados por el desvío de ochocientos millones de pesos. ¿Cómo es posible que se hayan sustraído tales cantidades bajo el amparo de funcionarios de la 4T? Hace apenas dos semanas, el Secretario de Finanzas del gobierno veracruzano confirmó la existencia de una estructura mafiosa para el desvío de recursos en la UPAV. Nuevamente, no fue la oposición quien denunció; fueron los propios funcionarios del gobierno, con la valentía de revelar una corrupción antes insospechada. Mientras tanto, se pagan setenta pesos por hora frente a grupo, y nunca con puntualidad: pueden pasar años para que el docente solidario reciba esa magra gratificación. En menos de un año, ¿cómo pudieron robarse ochocientos millones en la administración de Morena, la misma que tanto criticó la corrupción del priismo y el panismo? El cuerpo de colegas docentes solidarios nunca ha buscado el enriquecimiento; siempre supimos que nuestra labor era altruista, tal como la concibió el Maestro Guillermo Zúñiga Martínez, (1943-2015). fundador de esta casa de estudios. Aunque duela a los narcomorenistas, no han querido colocar su fotografía en el rectorado por su pasado priista y corrupto, olvidando que fue él quien le dio vida a esta institución.

No deberían olvidar los funcionarios de las nuevas generaciones que nuestra querida universidad nace cuando el gobernador Fidel Herrera Beltrán (1949-2025) designó al normalista, abogado y orador Guillermo Héctor Zúñiga Martínez como director del Instituto Veracruzano de Educación para Adultos (IVEA), con el fin de abatir el rezago educativo de los mayores de quince años, garantizando el derecho a la educación que consagra el artículo 3° constitucional desde 1917. En su nuevo encargo, Zúñiga Martínez advirtió que algo no funcionaba. La administración de Miguel Alemán Velasco había copiado el modelo de las narcodictaduras de Cuba y Nicaragua, colocando banderas blancas en todos los municipios para anunciar la erradicación del analfabetismo, una farsa. Detectando que a los alfabetizadores les faltaba preparación, nació la primera carrera de educación para adultos, con gran éxito en todo el estado, pues miles de veracruzanos necesitaban un documento para obtener su plaza docente. Ahí comenzaron los problemas, y desde el propio gobierno estatal se desató un ataque al proyecto. Junto con un grupo de docentes, nos solidarizamos y trabajamos sábados y domingos. Contábamos con un patronato que pagaba puntualmente cada fin de semestre, a 250 pesos la hora; tampoco ahí nadie se enriqueció, como sí lo han hecho los actuales funcionarios de Morena. El Instituto Nacional de Educación para los Adultos (INEA), fundado por José López Portillo, (1920-2004) vetó el proyecto; entonces nació el Instituto Veracruzano de Educación Superior (IVES), calcando las siglas de la institución fundada por el Dr. Carlos Luna Escudero.

Zúñiga Martinez  logró venderle la idea al Gobernador Herrera Beltrán, quien aguardó el momento oportuno para anunciar la fundación de una nueva universidad y, con generosidad, se la transfirió a Javier Duarte de Ochoa para que luciera en su toma de posesión. En agosto de 2011 se designó al Maestro Guillermo Zúñiga Martínez como primer rector —fallecido en abril de 2025—, a quien sucedió el C.P. Andrés Blancas Portilla. Los  rectores, durante la administración de Miguel Ángel Yunes Linares, nunca lograron comprender la dinámica de la Universidad; el propio Secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño, llegó a plantear su cierre. Pero el peor gobernador en los doscientos años de historia de Veracruz, Cuitláhuac García Jiménez, tuvo al menos un acierto en su sexenio: designar como rector al Ing. Omen Tochtli Méndez Ramírez, quien contaba con trayectoria como docente solidario en la carrera de Naturopatía, coordinador y director de carrera, con una excelente vocación de servicio, apoyando económicamente a los alumnos que no podían pagar colegiaturas. Como rector, dejó una buena imagen por la sencilla razón de que amaba a la universidad.

El año pasado, el auditorio de la Centenaria y Benemérita Escuela Normal Veracruz se llenó de alumnos, docentes y burócratas para celebrar los catorce años de fundación. Sin embargo, el pasado 30 de julio de 2026, en la Galería de Arte Contemporáneo, se organizó una conmemoración VIP por los quince años, con la asistencia de apenas cuarenta empleados, sin un solo docente solidario ni alumno. Tuve la oportunidad de conocer al actual rector, a quien manifesté que no temiera a los alumnos ni a los docentes, y que aprendiera de Guillermo Zúñiga Martínez, quien siempre tuvo las puertas abiertas, pues la universidad es, por excelencia, el espacio del diálogo. En ese evento VIP fue interesante escuchar la conferencia magistral del doctor en Filosofía por la UNAM, Marcelino  Arias Sandí, sobre el humanismo, aunque destacó que en los documentos funcionales de la UPAV dicho concepto no aparece. También hubo una mesa de experiencias del doctorado en educación que imparte; no es el doctorado que se le regaló en agosto de 2015 al profesor Atanasio García Durán.

El presente años concurse para la plaza en el sistema educativo mexicano; presente mis 20 años de servicios en proyecto de UPAV, los funcionarios de la Unidad del sistema para la carrera de las maestras y maestros, mis constancias tecnicamente fueron a la basura.

Del resto de los festejos por los quince años nada se sabe; es un secreto de Estado, por temor a que docentes y alumnos lleguen a manifestarse. Es muy lamentable que los alumnos pregunten sobre las situaciones que vive la institución y solo encuentren silencio. Circula el rumor de que se otorgarán medallas por los quince años; un servidor, como fundador, seguramente estará descartado por hacer uso de la libertad, esa que muy pronto el narcogobierno de México suprimirá. De la Nueva Educación de Veracruz hemos pasado a la educación corrupta y mafiosa de Veracruz, en favor de una pandilla de delincuentes que, al amparo de la máxima de "robar, mentir y traicionar", hoy son millonarios con fueros. https://youtu.be/BysLkhoYCYg?si=117395O5vFdQfn7M

Estos han sido sus rectores: Guillermo Héctor Zúñiga Martínez, 2011-2015. Andrés Blancas Portilla, 2015-2016.Maribel Sánchez Lara, 2016-2017.Carlos  Raúl Velázquez Hernández, 2017-2018.Omen Tochtli Méndez Ramírez, 2018-2024.Sergio Torres Mejia, 2025; actualmente preso, que no se nos olvide que seguramente nunca actuó sólo. Raúl Rendón Torres, ni quien lo recuerde. 2025. Rodolfo  Torres Velázquez, con un extraordinario curricum vitea pero sin proyecto para la UPAV, son mas grandes los escandalos del ultimo año.

 

La Guerra Cristera a cien años: fe, resistencia y memoria histórica

 La Guerra Cristera a cien años: fe, resistencia y memoria histórica

 

Ángel Rafael Martínez Alarcón

 

El año 2026 se presenta como un año de intensa actividad para la Iglesia Católica Apostólica Romana en la provincia mexicana, no solo por su agenda litúrgica, sino también porque marca el centenario del inicio de la persecución religiosa impulsada por el gobierno federal del presidente-general Plutarco Elías Calles. Este conflicto, conocido como la Guerra Cristera o Cristiada, se desató en los primeros años de la posrevolución, tras una década de guerra civil iniciada el 20 de noviembre de 1910 con el levantamiento del hacendado Francisco I. Madero, periodo que conocemos como la Revolución Mexicana. La Cristiada tuvo un primer y más intenso periodo de 1926 a 1929, y un segundo, de menor impacto, entre 1931 y 1935.

 

La relación entre la Iglesia y el Estado en México nunca ha sido sencilla en el ejercicio del poder político. Ya desde el siglo XV, el papado romano y la Corona hispánica firmaron acuerdos sobre los asuntos americanos. En la España de Jovellanos, en el siglo XVIII, se exploraron posturas anticlericales, sin olvidar que hace 259 años, Carlos III expulsó de los territorios del imperio español a la Compañía de Jesús, fundada por San Ignacio de Loyola en el siglo XVI. Incluso en los albores de la independencia, José María Morelos y Pavón —fusilado hace 210 años, el 22 de diciembre de 1815— estableció en sus *Sentimientos de la Nación* que la nación mexicana sería “católica, apostólica y romana”, sin admitirse ninguna otra.

 

Así nació México, con una identidad católica plasmada en sus documentos fundacionales. Este principio se mantuvo hasta la proclamación de la Constitución liberal del 5 de febrero de 1857, donde la Iglesia perdió gran parte de su influencia en la vida del Estado. Como señala el historiador británico Will Fowler en su obra *1857-1861. La Guerra de los tres años*, este conflicto dividió a los mexicanos en proyectos políticos antagónicos que definirían el país. Durante el Porfiriato, las relaciones entre la Iglesia y el Estado se caracterizaron por un mutuo respeto. El propio Porfirio Díaz solía tomar café con la alta jerarquía eclesiástica. Sin embargo, la Revolución Mexicana y la Constitución de 1917 reavivaron el conflicto. Las tensiones quedaron plasmadas, sobre todo, en los debates del constituyente y en la redacción del artículo tercero, relativo a la educación laica, aunque inicialmente se limitaron a declaraciones en la prensa.

 

Fue en el segundo periodo presidencial de la posrevolución, encabezado por el general Plutarco Elías Calles, cuando el conflicto estalló con toda su fuerza. A la mitad de su cuatrienio, su gobierno buscó aplicar de manera punitiva y estricta el artículo 130 constitucional, que regulaba las actividades del clero. Este momento coincidió con los primeros años de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), el primer Estado socialista y declaradamente ateo del mundo, fundado por Vladimir I. Ulianov “Lenin”. México y la URSS habían establecido relaciones diplomáticas en 1924, en un contexto internacional de polarización ideológica.

 

El secretario de Gobernación, el veracruzano Adalberto Tejeda Olivares, careció de la voluntad política —o quizás la habilidad— para contener la crisis, que desembocó en una guerra de casi tres años. Fue el presidente Calles quien siempre llevó la cara pública de la confrontación. Las medidas fueron tan extremas que incluso se intentó fundar una “Iglesia Católica Mexicana” cismática, manejada desde la Secretaría de Gobernación.

 

La llamada *Ley Calles*, oficialmente *Ley sobre delitos y faltas en materia de culto religioso y disciplina externa*, fue expedida el 14 de junio de 1926. Esta ley reglamentaba severamente el artículo 130 de la Constitución de 1917 y buscaba limitar drásticamente la influencia de la Iglesia Católica en la vida pública mediante cinco disposiciones principales: el registro obligatorio de sacerdotes ante el Estado; el establecimiento de un máximo de un sacerdote por cada 6,000 habitantes; la prohibición de que sacerdotes extranjeros oficiaran en el país; la prohibición de escuelas católicas y cultos públicos; y la censura a los ministros religiosos para que no criticaran al gobierno desde el púlpito. Para los católicos, esta ley no era una simple regulación, sino una persecución que pretendía reducir su fe a un asunto privado.

 

La respuesta de la Iglesia fue inmediata y radical. El sábado 31 de julio de 1926, la jerarquía católica ordenó la suspensión de todo culto público y el cierre de los templos en toda la República, medida que se mantuvo hasta 1929. El Papa Pío XI, mediante la encíclica *Iniquis Afflictisque* (noviembre de 1926), condenó enérgicamente la política callista y alentó a los católicos a resistir. La población no permaneció pasiva. La Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa organizó boicots económicos y logró reunir dos millones de firmas solicitando la derogación de la ley, evidenciando la magnitud del descontento popular.

 

Ante la falta de respuesta gubernamental, el conflicto escaló a una guerra civil que se prolongó desde el 3 de agosto de 1926 al 21 de junio de 1929. La Cristiada dejó entre 70,000 y más de 100,000 muertos, principalmente en los estados del centro-occidente del país, como Jalisco, Guanajuato, Michoacán y Zacatecas. Los cristeros, como se conocía a los combatientes católicos, lucharon bajo el lema “Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe”, convencidos de que defendían su fe contra un Estado que pretendía imponer su dominio absoluto sobre las conciencias.

 

En medio de esta adversidad, figuras como San Rafael Guízar y Valencia, quinto obispo de Veracruz, se distinguieron por su valentía pastoral. Sin temor al gobierno federal, mantuvo el Seminario funcionando de manera clandestina y guió espiritualmente a su grey en tiempos de hostilidad. Perseguido y desterrado, continuó ejerciendo su ministerio de manera oculta. Fue beatificado por San Juan Pablo II en 1995 y canonizado por Benedicto XVI en 2006.

 

Otro mártir veracruzano, el beato Ángel Darío Acosta Zurita, fue ordenado sacerdote el 25 de abril de 1931, a los veintidós años. Tres meses después, el 25 de julio de 1931, fue asesinado por odio a la fe en el contexto de la persecución religiosa en el estado de Veracruz. Su nombre fue incluido entre los trece mártires mexicanos beatificados el 20 de noviembre de 2005 en Guadalajara, Jalisco. La ceremonia fue presidida por el cardenal José Saraiva Martins en nombre del papa Benedicto XVI, aunque su aprobación había sido concedida el 22 de junio de 2004, durante el pontificado de Juan Pablo II.

 

El pontificado de San Juan Pablo II (1920-2005) se encuentra entre los más extensos de la historia del papado. Fue el primer pontífice procedente de la denominada «Cortina de Hierro». Su pontificado peregrino se inició con la primera de cinco visitas pastorales que realizó a la provincia eclesiástica de México; en aquel entonces, el país no reconocía plenamente a la Iglesia católica. Dicha primera visita provocó que el secretario de Gobernación, don Jesús Reyes Heroles, dimitiera de su cargo ante la flagrante violación del marco jurídico del país, según la interpretación gubernamental de la época. Desde aquella primera estancia, Juan Pablo II mostró una enorme empatía con su feligresía católica. En la Catedral de la Ciudad de México, en enero de 1979, afirmó: «De todas las enseñanzas que la Virgen da a sus hijos de México, quizás la más bella e importante es esta lección de fidelidad».

 

El pontificado de San Juan Pablo II no solo legó a México las cinco visitas pastorales, sino también la reforma al artículo 130 constitucional, que no había sido modificado desde 1857. No obstante, lo más valioso de su legado en el ámbito eclesiástico mexicano reside en las beatificaciones y canonizaciones de laicos y sacerdotes que ofrendaron su vida como testimonio de fidelidad al Evangelio. En septiembre de 1988, beatificó al primer mártir de esta etapa, el sacerdote jesuita Miguel Agustín Pro Juárez (1891-1927). Tampoco deben olvidarse los mártires del Virreinato de la Nueva España, como los niños mártires de Tlaxcala.

 

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Carlo Antonio Castro Guevara (1926-2010): Un Centenario entre la Memoria y el Olvido

 Carlo Antonio Castro Guevara (1926-2010): Un Centenario entre la Memoria y el Olvido

 

Ángel Rafael Martínez Alarcón

 

 

El rectorado del Dr. Gonzalo Aguirre Beltrán (1908-1996) marcó un parteaguas en la joven Universidad Veracruzana, fundada en 1944, cuando México era presidido por el General Manuel Ávila Camacho (1897-1955) y el último gobernador de periodo cuatrienal, el licenciado Jorge Cerdá Lara (1897-1958). Fue el gobernador Antonio Modesto Quirasco (1904-1981), quien gobernó de 1956 a 1962, junto con el Mtro. José Luis Melgarejo Vivanco (1914-2003), subsecretario del Gobierno del Estado, quienes invitaron a Aguirre Beltrán a encabezar la universidad entre 1957 -1961.

 

Fue entonces cuando ocurrió la primera gran transformación de la educación superior pública veracruzana. Una universidad aún joven, en proceso de definición, encontró en Aguirre Beltrán a un rector visionario que impulsó decididamente el área de humanidades. Bajo su gestión se fundaron las carreras de Antropología, Historia y Letras, se creó la emblemática editorial universitaria y se consolidó la revista La Palabra y el Hombre, que aún hoy sigue siendo un referente intelectual. El Instituto de Antropología y el Museo de Antropología de Xalapa —orgullo de los veracruzanos— fueron también fruto de aquella efervescencia cultural.

 

Fue en ese contexto de efervescencia académica cuando ingresó como docente, a sus 32 años, Carlo Antonio Castro Guevara, quien llegaba a la carrera de Antropología con una formación excepcional: estudios en Ciencias Biológicas y Químicas en la Universidad Nacional Autónoma de México (1945-1948), y posteriormente Etnología, Lingüística y Antropología Social en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (1949-1954).

 

Pero su historia comenzó mucho antes. Nacido el 18 de julio de 1926 en Santa Ana, El Salvador, en el seno de una familia de clase media, su padre —político cercano al revolucionario nicaragüense  Augusto César  Sandino (1895-1934)— inculcó en los siete hijos de la familia Castro Guevara un profundo compromiso con la justicia social. Sus hermanos llevaban nombres que ya anunciaban grandeza: Numa Pompilio, Marco Tulio, Alejandro Magno... La propia historia de la familia estaba marcada por el exilio. Con la llegada al poder del General Maximiliano Hernández Martínez (1882-1966), quien gobernó El Salvador entre 1931 y 1944, los Castro Guevara tuvieron que abandonar su patria. México, con su tradición de puertas abiertas a los perseguidos, fue el destino elegido. Un niño de 12 años llegaba así a una tierra que lo adoptaría y donde construiría su vida y su legado.

 

Etnólogo, narrador, poeta, traductor, bibliógrafo y polígrafo, Castro Guevara fue un humanista completo. Su dominio de las lenguas originarias de Mesoamérica lo llevó a realizar una hazaña pocas veces reconocida: la traducción del Himno Nacional Mexicano (1854) a diversas lenguas indígenas, un gesto de profundo respeto a la diversidad cultural de nuestra nación. https://youtu.be/dHCywrbM-Vw?si=KB_RlwdFfY2m16aT

 

Su praxis educativa se extendió por décadas como catedrático en la Escuela de Antropología de la Universidad Veracruzana, donde fue fundador de la carrera de Lingüística. Dirigió y redactó la publicación bilingüe Sk'oplal te Mejilkolum, y su invaluable legado en el rescate y difusión de la cultura tseltal le valió el Premio Chiapas 1988 en la rama de ciencias, y más tarde, el doctorado honoris causa por la Universidad Veracruzana en 2004.

 

Antes de llegar a Xalapa, entre 1952 y 1957, fue técnico e investigador del Instituto Nacional Indigenista, fungiendo como director del departamento lingüístico en el Centro Coordinador Tzeltal-Tzotzil. Allí trabajó al lado de la escritora y diplomática Rosario Castellanos (1925-1974), quien más tarde escribiría sobre Ella. Su primera biografía se publicó en la Enciclopedia de México, dirigida por José Rogelio Álvarez, en 1977.

 

 

Al maestro Carlo Antonio Castro Guevara lo conocí a principios de la década de 1980. Cuando el académico rentó un inmueble en la Avenida Revolución, a unos metros arriba de la Cruz de la Misión, fuimos vecinos de puerta a puerta. Él, un hombre adulto y consagrado; yo, un chaval de apenas 15 años. No recuerdo con exactitud las circunstancias en que comenzó nuestra conversación, pero seguramente fueron los antiguos modales de saludar con educación y respeto a los vecinos.

 

En 1982, me comentó que se fundaría el Instituto de Intercambio Cultural México-URSS y me dio un apartado postal —el 110— para que le escribiera, pues ya se necesitaría un bibliotecario. Seis meses después, en octubre, me integré al proyecto a mis 16 años. El consejo consultivo lo integraban Raymundo Aguas Franco, egresado de una institución soviética; el poeta de la lluvia, Miguel Andrade Huerta; y el propio Carlo Antonio Castro. Por espacio de nueve años, ese fue mi trabajo, hasta la desintegración de la URSS.

 

Creo que fue un marxista consecuente en la práctica, un catedrático que caminaba por las calles de nuestra ciudad y tomaba el servicio urbano, siempre acompañado por sus libros. Hoy, los marxistas de la 4T deberían conocer su trayectoria, pero dudo que lo hagan. Él disfrutaba de su enorme biblioteca instalada en "Las Trancas", un conocedor profundo de la obra de Rosario Castellanos. También recuerdo su veneración por el pensamiento de César Augusto Sandino, el líder de la revolución nicaragüense que había pasado por estas tierras. Gracias a su gestión, el Ayuntamiento de Xalapa colocó un busto en memoria del revolucionario centroamericano en el centro de la ciudad.

 

 

La obra publicada de Castro Guevara es vasta. En cuento: Siluetas mexicanas (1980) y Muchachos de TlachichilcoNiños a la vera del agua (2010). En novela: Los hombres verdaderos (1959). En poesía: Jaguares (1960), Íntima fauna (1962), En busca del cometa perdido. Ecos de museo (1978), Jilotepe: décimas y sextas de El Pueblito (1996, coautoría), Máscara invisible: sonetos inesperados (2001) y Mago del idioma (2013, póstumo). En traducción: Dos cuentos mazatecos (1956), Cuentos populares tzeltales (1957) y Sombra de los negros cimarrones (1998). Conservo un par de sus obras con dedicatorias.

 

Murió el 11 de abril de 2010 en Xalapa, dejando un vacío muy grande en la vida académica y cultural de nuestra ciudad. En 2015, su familia entregó a la Universidad Veracruzana parte de su acervo bibliográfico.

 

A cien años de su nacimiento, la Universidad Veracruzana olvida a uno de sus más brillantes catedráticos, a quien dio luz a nuestra institución. Mientras los discursos oficiales se llenan de palabras huecas sobre la importancia de las humanidades, la memoria de quienes las construyeron con trabajo, vocación y sacrificio se desvanece. Quizás el legado de Carlo Antonio Castro Guevara no esté en los reconocimientos póstumos ni en las placas conmemorativas, sino en la huella indeleble que dejó en sus alumnos, en sus traducciones que mantienen vivas las lenguas originarias, y en la memoria de quienes tuvimos el privilegio de conocerlo.

 

Este centenario debiera ser ocasión para recordarlo. Pero, sobre todo, para aprender de su ejemplo: el de un intelectual comprometido con la verdad y con los pueblos, un maestro que no necesitaba cátedras ni reflectores para serlo. Su vida entera fue su obra.

Sergio Galindo Márquez: El arquitecto de las letras y la memoria (1926-1993) #6515

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