«Humildad, sencillez y alabanza»: 60 años del Camino Neocatecumenal
Ángel Rafael Martínez Alarcón
El Concilio Vaticano II (1962-1965) es, sin duda, uno de los acontecimientos más decisivos para la Iglesia católica del siglo XX. En medio de un mundo fracturado por la Guerra Fría, marcado por el avance tecnológico y la polarización ideológica, la asamblea conciliar —convocada por san Juan XXIII y clausurada por san Pablo VI— impulsó una profunda renovación eclesial. Participaron 2.450 obispos de todo el orbe. Por la arquidiócesis de Xalapa asistieron los arzobispos Manuel Pío López Estrada y Emilio Abascal y Salmerón, ambos padres conciliares.
De aquel impulso renovador brotaron muchos frutos. Uno de los más singulares fue el nacimiento, en las chabolas de Palomeras Altas (Madrid), de una experiencia de Iglesia encarnada entre los pobres, impulsada por dos jóvenes laicos españoles: Kiko Argüello (1939) y Carmen Hernández Barrera (1930-2016). Lo que comenzó como un gesto de radicalidad evangélica se convertiría con el tiempo en el Camino Neocatecumenal, que este año celebra sus 60 años de existencia.
El pasado sábado 30 de mayo, a las 20:00 horas (hora de Madrid), el cardenal José Cobo Cano, arzobispo de Madrid, presidió una solemne celebración eucarística de acción de gracias en la catedral de Nuestra Señora de la Almudena. El motivo fue doble: conmemorar el 60º aniversario del nacimiento del Camino Neocatecumenal y clausura la fase diocesana del proceso de canonización de Carmen Hernández, fallecida hace diez años, el próximo martes 2 de junio.
La eucaristia comenzó con una alocución ambiental de Kiko Argüello, quien a sus 87 años sigue siendo testigo vivo de aquel origen humilde. Artista de formación, dejó las glorias del arte para vivir entre los más pobres de la capital española. Le acompañaban el padre Mario Pezzi y María Ascención Romero antón, miembros del equipo internacional del Camino. Concelebraron varios obispos —entre ellos el cardenal Rocco Varela—, obispos eméritos y más de 130 presbíteros.
Hoy, el Camino Neocatecumenal es un itinerario de iniciación cristiana aprobado por la Santa Sede, que se vive en pequeñas comunidades. Está presente en más de 6.250 parroquias y unas 1.400 diócesis de todo el mundo. Nació en la periferia de Madrid, pero pronto cruzó fronteras. En México, por ejemplo, llegó entre octubre y diciembre de 1974, precisamente a la arquidiócesis de Xalapa, cuna de aquellos obispos conciliares.
El próximo martes 2 de junio, a las 20:00 horas, tendrá lugar en el Seminario Redemptoris Mater de Madrid el acto de clausura de la fase diocesana del proceso de beatificación y canonización de la sierva de Dios Carmen Hernández Barrera, abierto el 4 de diciembre de 2022. Presidirá el cardenal José Cobo Cano. Intervendrán el postulador Carlos Metola y el propio Kiko Argüello, quien durante más de 50 años compartió con Carmen la misión de evangelizar.
Carmen falleció el 19 de julio de 2016 en Madrid, a los 85 años, tras una larga enfermedad. Desde niña había deseado entregarse incondicionalmente al Evangelio. A casi diez años de su muerte, más de 118.000 personas han visitado su tumba, y se siguen recibiendo favores por su intercesión.
Su aportación fue decisiva. Gracias a sus estudios sobre la renovación conciliar, Carmen contribuyó a dar forma teológica y pastoral al Camino: la pequeña comunidad cristiana, la liturgia, la celebración de la Pascua, la relación con la Palabra de Dios —incluido el Antiguo Testamento— y las fuentes patrísticas y judías.
La experiencia del Camino dio sus primeros pasos concretos en las chabolas de Palomeras Altas- Vallecas (Madrid), donde Kiko y Carmen se conocieron a mediados de los años sesenta.
En noviembre de 1964, Kiko Argüello, joven pintor, abandonó su carrera. Impulsado por el sufrimiento de los inocentes, en el que reconoció el misterio de Cristo crucificado, y siguiendo los pasos de san Carlos de Foucauld —que buscaba vivir la vida oculta de Jesús en Nazaret—, decidió irse a vivir entre los más pobres, en una chabola en las afueras de Madrid. Allí, mientras rezaba, tocaba la guitarra y leía la Biblia, se fueron reuniendo gitanos, quinquis y marginados que escucharon el anuncio del kerigma.
El 28 de agosto de 1965, la Guardia Civil llegó para derribar las chabolas. Kiko logró llamar por teléfono al arzobispo de Madrid, monseñor Casimiro Morcillo González, quien se presentó de inmediato y detuvo el derribo. El arzobispo se conmovió profundamente al ver rezar a aquella pequeña comunidad de pobres. Aquel amor y atención que Carmen vio en monseñor Morcillo la convenció para colaborar con Kiko: percibió que aquella comunidad espontánea era una obra que venía de Dios.
Fue el propio arzobispo quien les animó a llevar esta iniciación cristiana a las parroquias de Madrid. Así, en 1966, comenzaron las catequesis en el centro de la capital. Pero fue la experiencia de las barracas el auténtico «vivero» donde se delineó el itinerario de redescubrimiento del Bautismo, basado en el trípode Palabra, Liturgia y Comunidad, vivido en pequeñas comunidades que experimentan el amor al prójimo.
Para hoy, unas 2.000 familias continúan esta obra como catequistas itinerantes o misioneros en lugares muy pobres, o enviados ad gentes a zonas descristianizadas. Entre los frutos más visibles destacan los 116 seminarios diocesanos misioneros Redemptoris Mater, donde se han formado más de 3.400 sacerdotes; además de cientos de monjas de clausura y muchos misioneros célibes, hombres y mujeres.
Los Estatutos del Camino Neocatecumenal fueron aprobados definitivamente por la Santa Sede en 2008, bajo el pontificado de Benedicto XVI (1927-2022), y el Directorio Catequético en 2010. @neocatecumenal2
SS León XIV ha enviado su felicitación con motivo de este aniversario:
«El Santo Padre saluda cordialmente a los participantes en la celebración eucarística en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena, con ocasión del 60 aniversario de la fundación en la archidiócesis de Madrid del Camino Neocatecumenal. Es preciso recordar que la misión evangelizadora es tarea fundamental de toda la Iglesia que, con alegría y humildad, buscando la unidad de todos sus miembros (cf. Lumen gentium 7), y dócil a la acción del Espíritu Santo, se esfuerza por llevar a todos el don de la salvación. Que esta convicción sea una motivación para asumir esta labor misionera en favor de los hijos amados de Dios».