Sergio Galindo Márquez: El arquitecto de las letras y la memoria (1926-1993)
Ángel Rafael Martínez Alarcón
El siglo XX xalapeño vio nacer, entre el susurro de la niebla y la discreción de sus calles empedradas, a la figura emblemática de la literatura veracruzana contemporánea: Sergio Galindo Márquez. El próximo 2 de septiembre de 2026 se cumple el primer centenario del natalicio de quien no solo fue mi amigo personal, sino una de las plumas más agudas y sensibles de las letras hispanoamericanas; la Universidad Veracruzana ha preparado una serie de homenajes para uno de sus excelsos universitarios.
Nacido en la emblemática calle de Insurgentes del centro histórico de Xalapa —muy cerca del tradicional barrio de San José—, Galindo llegó al mundo en 1926. En aquella capital pueblerina, bajo el episcopado de San Rafael Guízar y Valencia (1878-1938) —quien probablemente le impartió la confirmación en la clandestinidad—, la gubernatura del general Heriberto Jara Corona (1879-1968) y el apogeo del movimiento estridentista liderado por Manuel Maples Arce (1900-1981), la familia Galindo Márquezcomenzó a trazar una impronta profunda que abarcó la cultura, el ámbito empresarial y el espacio religioso de la región. Eran las primeras semanas del inicio de la Guerra de los Cristeros para algunos; para otros, el cierre de los templos católicos en el territorio nacional. Por esos años, en el occidente del país, crecía un niño de 9 años llamado Juan Rulfo (1917-1986).
El matrimonio Galindo Márquez se había asentado en la ciudad de Xalapa a principios del siglo XX. Ella procedía del estado de Tlaxcala; Miguel Galindo Sánchez, que nació en Huamantla, y Bertha Márquez Calderón, que nació en Zacatlán, Puebla. El matrimonio procreó 12 hijos; Sergio fue el antepenúltimo de sus hermanos. Siendo estos: Manuel, Bertha, Emma, Alicia, Alfonso, Raúl, Ramón, José, Ana, Gustavo, Sergio y Héctor Luis.
Sergio Galindo Márquez formó su familia con la señorita Ángela González Naveda; ella era hija de José González García, oriundo de Cangas de Onis (Asturias), y de Teodora Naveda García, nacida en Mar del Plata, Argentina. Ángela y Sergio se conocieron en la escuela primaria. Hace 70 años, en 1956, se casaron en la población de Las Vigas de Ramírez. De esa unión matrimonial nacieron sus hijos: Ana Mónica, Juan Gustavo, Sergio José, Manuel (fallecido), Ángela y Sebastián.
**El visionario de la edición y la docencia**
Formado en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y en París, la grandeza de Sergio Galindo trascendió las fronteras de la propia creación. Durante la rectoría del Dr. Gonzalo Aguirre Beltrán (1908-1996) en la Universidad Veracruzana, Galindo asumió una tarea titánica: la fundación de la Editorial de la Universidad Veracruzana y de la mítica revista *La Palabra y el Hombre*. La Universidad Veracruzana era de las más jóvenes del país, fundada durante el sexenio del general Manuel Ávila Camacho. La Escuela Normal Veracruzana, en ese año de 1926, celebraba su cuarenta aniversario de fundación. El Seminario Mayor de la Iglesia Católica cumplía 62 años de su apertura, sin olvidar la Escuela Industrial para Señoritas. Ese era el ambiente cultural de la pequeña ciudad capital de los veracruzanos.
A través de esta plataforma, dio cabida a la célebre "Generación de Medio Siglo" y abrió las puertas del mundo editorial en México a titanes de la literatura universal como Gabriel García Márquez, Álvaro Mutis, José Revueltas, Luisa Josefina Hernández y Elena Poniatowska. Su gestión cultural lo llevaría más tarde a encabezar el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y a ocupar la silla XXVI de la Academia Mexicana de la Lengua, cosechando reconocimientos internacionales de naciones como Gran Bretaña, Polonia y Yugoslavia.
**Narrativa de una sociedad y vivencia personal**
Su vasta obra literaria constituye un espejo transparente y, a veces, incómodo de la condición humana. Desde *La máquina vacía* (1951) y *Polvos de arroz* (1958), hasta *El bordo* (1960), *La comparsa* (1964) y la aclamada *Otilia Rauda* (1986), Galindo capturó la psicología de la sociedad xalapeña con una finura estética incomparable.
En mi juventud, la obra de Sergio Galindo fue fundamental en mi formación. Estos días fui a mi biblioteca y resulta que, por haber prestado su obra, solo conservo cinco títulos. También viene a mi memoria la emoción que le causó en aquellos años un joven aspirante a escritor —y hoy ya consagrado en las letras mexicanas—, mi amigo Rafael Antúñez Jaime, al conocer en persona a Galindo Márquez.
Mi primer encuentro con don Sergio... En el ambiente del hogar se hablaba de su obra; era un xalapeño ilustre vivo, y físicamente cuando lo conocí en persona ocurrió el lunes 18 de agosto de 1984, cuando el Ayuntamiento Constitucional de Xalapa, encabezado por el abogado y político Ignacio González Rebolledo (1936-2022), lo nombró Hijo Predilecto de la ciudad. Tras el acto oficial en el Salón de Cabildo, más tarde reunidos en el Casino Español junto a su familia, recibí de él una de esas lecciones cotidianas que se quedan para siempre: el arte de descorchar y servir una copa de vino tinto. Desde entonces, cada brindis evoca la calidez de su presencia. En las actas de cabildo de 1984 se localizan los discursos pronunciados en tan importante acto cultural para la ciudad de Xalapa, destacando las palabras del síndico del Ayuntamiento, el culto Armando Méndez de la Luz. El fotógrafo español Miguel Ángel Quijada Soto (1945-2014) fue el fotógrafo oficial tanto en el evento del Palacio Municipal como en el privado del Casino Español.
**El descanso en Las Vigas**
Sergio Galindo nos dejó un 3 de enero de 1993, a los 67 años, tras sobrellevar con estoicismo el enfisema pulmonar y el dolor ineludible por la pronta partida de su hijo Sergio José. Luego de sentidos homenajes en el Salón Azul de Humanidades y en el Museo de Antropología de Xalapa —donde tuve el honor de acompañar al exrector Gonzalo Aguirre Beltrán y al gobernador Patricio Chirinos Calero—, sus cenizas fueron esparcidas en la serenidad de El Bordo, en el municipio de Las Vigas de Ramírez, el mismo paisaje que inmortalizara en su narrativa.
A cien años de su nacimiento, la herencia de Sergio Galindo permanece viva en la memoria colectiva, en la Feria Internacional del Libro Universitario con el Premio Latinoamericano de Primera Novela que lleva su nombre, y en cada página donde retrató la luz y sombra de nuestra tierra. Rendir tributo a su memoria es celebrar la universalidad de la cultura veracruzana. La obra del Premio Nobel de Literatura 1982, Gabriel García Márquez (1927-2014), no se entiende sin la participación del xalapeño Sergio Galindo para publicar el primer libro de su autoría fuera de Colombia, bajo el sello editorial de la Universidad Veracruzana.