Alejandro Cossío Hernández (1967–2026): Un xalapeño de corazón inmenso

  

Alejandro Cossío Hernández (1967–2026): Un xalapeño de corazón inmenso 

                                                                    Por Ángel Rafael Martínez Alarcón*

 

El pasado domingo 21 de junio, en medio de la celebración del Día del Padre, comenzó a correr entre amigos y conocidos la noticia que nadie quería creer: el fallecimiento de Alejandro Cossío Hernández. Hacía apenas unos meses que él mismo, con su característica transparencia, había compartido en sus redes sociales que enfrentaba un cáncer y que empezaba un duro camino en busca de la sanación, siempre con la fe puesta en Dios y con la esperanza como bandera.

 

Confieso que, en lo personal, no dimensioné del todo su estado de salud. Tal vez porque siempre lo vi como un ser bendecido, fuerte, imparable. Como muchos, lo conocía por su apodo: "El Búfalo". Pero en esta última etapa de su vida, Alejandro nos dejó una de sus grandes lecciones: nos enseñó a entender el cáncer desde dentro. Con valentía y claridad, fue relatando en redes cada síntoma, cada emoción, cada paso de su proceso. Gracias a sus palabras, pude comprender mejor lo que vivió mi madre hace tres años, cuando también perdió la batalla contra esa enfermedad.

 

Hoy quiero aprovechar estas líneas para dejar testimonio de mi más sentido pésame a su señora madre, a sus hermanas, a sus sobrinos, y de manera muy especial a su esposa e hijos. La pérdida física de Alejandroes irreparable, pero tengo la certeza de que vivirá por siempre en el corazón de quienes tuvimos el privilegio de conocerlo y compartir con él en los más diversos escenarios de la vida.

 

El domingo por la noche, pude estar frente a su ataúd, en una de las salas de la funeraria Bosques del Recuerdo, sobre la avenida Rafael Murillo Vidal, en Xalapa. Ahí estaba toda su familia: su madre, sus hermanas, su esposa, sus hijos y demás seres queridos. Y aunque el dolor era palpable, también se respiraba una profunda paz, esa que nace de la fe en la resurrección y en la vida eterna, fe que Alejandro profesó siempre, y con mayor fuerza aún en sus últimos meses de lucha.

 

Alejandro murió relativamente joven, a los 59 años. Pero vivió con una intensidad que pocos logran.

 

Para entender su forma de pensar y de actuar, hay que conocer a sus padres: el Dr. Alejandro Cossío Licona y doña Luz María, un matrimonio xalapeño que vivió su fe católica no solo en la misa, sino en cada acto de servicio a los demás. Doña Luz María, durante muchos años, fue catequista de cientos de generaciones. La familia Cossío Hernández era conocida en el barrio, en la calle de Hidalgo, frente al parque de los Berros. Cristianos como ellos, comprometidos y coherentes, son los que hoy hacen falta en el seno de la Iglesia. No es casualidad que una de sus hijas haya tomado los hábitos religiosos.

 

Como bien dice Agustín Basilio de la Vega, uno de sus amigos más cercanos: *"De niños jugamos, competimos, estudiamos, dimos catecismo. De jóvenes fuimos a misiones, emprendimos proyectos y luchamos por la libertad y la democracia en México, enfrentándonos al 'Ogro Antropófago'."*

 

Yo también lo conocí desde niño, aunque en aquel entonces nuestra relación fue esporádica. Recuerdo algunos eventos vinculados con don Sergio Obeso Rivera (1931-2018), tercer arzobispo de Xalapa, muy cercano a la familia Cossío Hernández. Fue más tarde, en diciembre de 1982, cuando nuestra amistad se fortaleció. Alejandro ingresó al Camino Neocatecumenal en la Iglesia del Beaterio, y ahí se encontró con figuras como Fernando  Pérez Vignola (1953-2025), candidato a diputado federal en 1985 por Acción Nacional, y Socorro Cuevas Escobar, madre de los hermanos Vázquez Cuevas, quienes jugaron un papel clave en la organización del PAN en Veracruz a finales del siglo XX.

 

Su formación académica comenzó en Xalapa. La secundaria y la preparatoria las cursó en el Instituto Francisco Xavier Alegre, antes conocido como Escuela Leonard Vignola. Luego salió de la ciudad para estudiar Ingeniería Biomédica en la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, en la Ciudad de México.

 

A su regreso a Xalapa, montó su propia empresa y, por invitación de su amigo Agustín Basilio de la Vega, se sumó a las filas del Partido Acción Nacional a principios de los años noventa. Eran tiempos de cambio, cuando el PRI empezaba a mostrar grietas y el país miraba con atención a Diego Fernández de Ceballos, candidato presidencial en 1994. En Veracruz, el PAN vivía un proceso de reconstrucción estatal. Alejandro ocupó la secretaría general y la presidencia del comité directivo municipal. Recuerdo que hace 30 años fue él quien me impartió el curso de ingreso a ese instituto político.

 

Su liderazgo pronto impactó a toda una generación de panistas testimoniales. Mientras otros dudaban, Cossío Hernández entendió a la perfección el estilo de los panistas del norte: una forma de hacer política más agresiva, directa y sin concesiones. Junto a César Leal Angulo, líder estatal, y otros compañeros, supo dar batalla. En 1997 fue candidato a diputado federal por el distrito de Xalapa, acompañado del Dr. Ramiro Platas. Juntos hicieron una campaña que sacudió al electorado. Creo que fue entonces cuando el apodo de "El Búfalo" se consolidó. Más tarde, el partido lo envió como representante ante órganos electorales de los tres niveles, donde siempre dio la cara y defendió sus ideas con firmeza.

 

Fue integrante de la LVIII Legislatura del Estado de Veracruz, junto a otros diputados como José Sergio Vaca Betancourt BretónRoberto Bueno CamposAbel Cuevas Melo (†), Jesús González Arellano, Carlos Mejía Covarrubias, Gloria Olivares Pérez —primera mujer diputada local—, Fernando Santamaría Prieto y Tomás Trueba García. Esa legislatura funcionó del 1 de octubre de 1998 al 4 de noviembre del 2000. Ahí quedan registradas sus combativas intervenciones.

 

Fue también un gran promotor de la candidatura presidencial de Vicente Fox en el año 2000. Durante el sexenio foxista, fue funcionario federal: primero como delegado del Instituto Nacional de Migración —donde tuve la oportunidad de trabajar a su lado— y más tarde como delegado federal de Economía. Con el tiempo, se distanció del PAN para dedicarse por completo a sus empresas.No tuvo miedo de poner en sus oficinas del publico el cruxifijo.

 

En los últimos diez años, su gran batalla fue reclamar un adeudo millonario que el gobierno de Veracruz aún no ha saldado. Y en estos últimos meses, mientras enfrentaba el cáncer, nos enseñó también cómo se lucha con dignidad, con fe y con la mirada puesta en lo alto.

 

La primera mini biografia fue en Cuéllar, Mireya.2003. Los panistas. La Jornada edicciones. México,  97 pp.

 

Alejandro se fue, pero su huella es imborrable. Descansa en paz, querido amigo.

 

 

Antonio López de Santa Anna: El Ocaso de un Caudillo en el Año de la Transformación Nacional (1876)

 Antonio López de Santa Anna: El Ocaso de un Caudillo en el Año de la Transformación Nacional (1876) 

 

Por Ángel Rafael Martínez Alarcón

 

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El año de 1876 se erige como uno de los períodos más controversiales y, paradójicamente, menos estudiados en la historiografía mexicana. Este año crucial representa el punto de inflexión donde concluyó una era de inestabilidad política que había aquejado a la nación durante más de cinco décadas, desde la consumación de la Independencia en 1821.

 

La República mexicana había soportado, desde sus albores, una sucesión interminable de gobiernos débiles, dos efímeros imperios —el de Agustín de Iturbide (1822) y el de Maximiliano de Habsburgo (1864)—, así como tres intervenciones extranjeras: dos francesas y una española. Sin embargo, la más devastadora fue la invasión estadounidense, que culminó con la pérdida del 53% del territorio nacional mediante el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, firmado el 2 de febrero de 1848. A esta sucesión de desgracias se sumó una cruenta Guerra Civil que ensangrentó al país entre 1858 y 1861.

 

El año 1876, tradicionalmente ignorado por la historiografía nacional, constituye sin duda el momento fundacional donde comenzó a gestarse el desarrollo ordenado de la vida política de ese México convulso. Representa el último año del gobierno federal encabezado por el veracruzano Sebastián Lerdo de Tejadadel Corral (1823-1889) y, simultáneamente, el triunfo político-militar del héroe de la batalla del 2 de abril de 1867: el joven general Porfirio Díaz Mori (1830-1915).

 

Esta dicotomía política entre Oaxaca y Xalapa, el enfrentamiento entre Antonio López de Santa AnnaBenito Juárez, y posteriormente la rivalidad entre Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz, configuraban el escenario de una nación en busca de su rumbo definitivo.

 

 

La Revolución de Tuxtepec, iniciada en enero y triunfante en noviembre de 1876, enfrentó a dos proyectos políticos antagónicos que lucharon con encarnizamiento por el control de la Presidencia de la República. En medio de esta convulsión nacional, cesó de latir el corazón del anciano militar xalapeño Antonio López de Santa Anna, a la edad de 82 años.

 

Santa Anna constituye el último eslabón viviente de la generación independentista. Técnicamente, enterró a todos sus enemigos políticos desde 1810 hasta 1872. Su longevidad política, militar y física lo convierte en un testigo privilegiado —y controvertido— de la construcción del Estado mexicano. Héroe de innumerables batallas y protagonista de múltiples exilios, gobernó México en once ocasiones, acumulando 5 años con 316 días en el poder, cifra que contrasta notablemente con los 14 años de la dictadura de Benito Juárez García, aunque la historiografía oficial ha tendido a magnificar el autoritarismo del primero mientras minimiza el del segundo.

 

Sus periodos presidenciales fueron los siguientes:

 

1. 16 de mayo al 3 de junio de 1833 (17 días)

2. 18 de junio al 5 de julio de 1833

3. 27 de octubre al 15 de diciembre de 1833

4. 24 de abril de 1834 al 27 de enero de 1835

5. 20 de marzo al 10 de julio de 1839

6. 10 de octubre de 1841 al 28 de octubre de 1842

7. 4 de marzo al 4 de octubre de 1843

8. 4 de junio al 12 de septiembre de 1844

9. 21 de marzo al 2 de abril de 1847

10. 20 de mayo al 15 de septiembre de 1847

11. 20 de abril de 1853 al 9 de agosto de 1855

 

El dictador Juárez García, desde el primer intento de aspiraciones presidenciales de su otrora alumno Porfirio Díaz en 1867, interpuso todos los obstáculos posibles para impedir su ascenso. El joven General Díaz contaba con un apoyo significativo entre los militares para su candidatura presidencial. Cuatro años más tarde, en 1871, volvió a intentar participar como candidato, pero el aparato estatal controlado por los juaristas, mediante flagrante fraude electoral, logró retener la presidencia en favor del dictador. Solo la muerte de Juárez en Palacio Nacional en 1872 logró separarlo del poder político que había acumulado durante catorce años.

 

Al fallecimiento de Benito Juárez, fue sustituido por el xalapeño Sebastián Lerdo de Tejada para concluir el período presidencial. Sin embargo, en 1876, Lerdo cayó en la tentación de la reelección, enfrentándose ahora a un Porfirio Díaz convertido en experimentado opositor y respaldado por el reconocimiento mayoritario de los militares de su tiempo.

 

En 1874, siendo presidente su amigo y paisano Sebastián Lerdo de Tejada —quien ya había superado la muerte del creador de la leyenda negra contra el "Benemérito de la Patria" y "Libertador de Veracruz"—, el gobierno de la República autorizó el regreso de Santa Anna a México. Arribó pobre, desprovisto de poder, y se estableció en la ciudad de México, aunque nunca perdió la gallardía que caracterizó su vida como militar y líder político.

 

Falleció en la más absoluta pobreza en el centro de la capital. Sus restos fueron sepultados en el Cementerio de la Villa de Guadalupe, en el Tepeyac, a pocos pasos del lugar donde, según la tradición, ocurrió el milagro de 1531.

 

A continuación, se transcribe parte de su testamento, dictado el 29 de octubre de 1874:

 

 *"En el Nombre de Dios Todopoderoso. Amén. Notorio y manifiesto sea a los que el presente vieren, como yo Antonio López de Santa Anna, General de División del Ejército Mexicano, natural de la ciudad de Jalapa y residente en esta capital, hijo legítimo de Don Antonio López de Santa Anna y Doña Manuela Pérez de Lebrón, mis Padres y Señores ya difuntos, que Santa Gloria hayan, estando en pie en mi perfecto acuerdo y cumplida memoria, aunque un poco quebramado de salud, he deliberado otorgar mi testamento, y lo verifico de la manera siguiente.*

> 

> *Primera.—Declaro que soy católico, apostólico, romano, y que creo y confieso todos los Misterios, artículos y Sacramentos de Nuestra Santa Madre Iglesia.*

> 

> *Segunda.—Dejo a las mandas de este Arzobispado, dos reales a cada una, y lo que sea de ley a las de bibliotecas públicas.*

> 

> *Tercera.—Declaro que fui casado en primeras nupcias con Doña Inés García, en cuyo matrimonio tuvimos por hijos a María Guadalupe, que vive, casada con Francisco de Paula Castro, mi sobrino carnal; Don Manuel; y Doña María del Carmen, difunta, que fue casada con Don Carlos Maillard, la cual dejó una hija que vive, y Antonio, que falleció a los cinco años de edad.*

> 

> *Cuarta.—Declaro que mi dicha esposa Doña Inés García llevó al matrimonio la cantidad de seis mil pesos que recibí de su padre en bienes de campo.*

> 

> *Quinta.—Declaro que a dicho matrimonio llevé un capital de veinticinco mil pesos que consistía en la hacienda de Manga de Clavo y sus llenos."*

 

 

Santa Anna, paradójicamente, muere en el preciso momento en que México inicia la construcción del régimen que pondría fin a décadas de inestabilidad. Su desaparición física coincide simbólicamente con la clausura de una era y el advenimiento de otra: la del orden porfiriano, que si bien traería progreso material, también perpetuaría el autoritarismo y la desigualdad social que habían caracterizado buena parte de la vida independiente del país.

 

El caudillo xalapeño, con todas sus contradicciones —héroe y villano, patriota y traidor, rico y pobre, poderoso y exiliado— encarna como ningún otro personaje las paradojas de la construcción nacional mexicana. Su vida, tan larga como controvertida, abarca prácticamente todo el primer siglo de vida independiente de México, convirtiéndolo en un espejo donde se reflejan las luces y sombras de una nación en permanente búsqueda de su identidad.

 

A 150 años de su fallecimiento, la figura de Antonio López de Santa Anna sigue suscitando pasiones encontradas, recordándonos que la historia, como la vida misma, rara vez admite lecturas unívocas o juicios definitivos.

 

J. B. Lobos (1764-1831) en la Celebración del Día Nacional de Rusia

 J. B. Lobos (1764-1831) en la Celebración del Día Nacional de Rusia

Estoy convencido de que la sincera devoción a la Patria, el respeto a su historia y tradiciones, la voluntad de trabajar para su futuro seguirán sirviendo como base sólida de fortaleza, unidad y prosperidad de nuestro estado

Vladimir Vladimirovich Putin

Ángel Rafael Martínez Alarcón

 

Con motivo del Día Nacional de Rusia —que se celebra el 12 de junio desde hace 36 años, tras la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, fundada en diciembre de 1922 por el líder de la Revolución bolchevique de 1917, Vladimir Ilich Uliánov “Lenin” (1870-1924)—, la Embajada de la Federación Rusa acreditada en México, bajo el liderazgo de mi amigo el excelentísimo embajador plenipotenciario Nikolay V. Sofinsky, en compañía de su esposa Irina Sofinskaya, giró la invitación para la recepción en su sede diplomática de la colonia Condesa de la Ciudad de México, el pasado 9 de junio. 

Así, mexicanos de diversos estados de la república nos dimos cita, junto con funcionarios de la cancillería mexicana, del Congreso de la Unión, del cuerpo diplomático, intelectuales, periodistas, empresarios y religiosos, para sumarnos a la celebración del Día Nacional de Rusia. 

 

Fue un año más de asistir a la sede diplomática. Fuimos recibidos por el propio embajador, acompañado de su distinguida esposa y de los funcionarios de primer nivel de la misión diplomática: Alexandr V. Batadeev, ministro consejero;; y Alexandra V. Bekreneva, asistente del embajador, quienes muy amablemente dieron la cordial bienvenida a cada uno de los invitados.

 

Conviví con eñ Dr. Mario Mijares, presidente del Instituto de Administración Pública de Veracruz; al presidente del Grupo de Amistad México-Rusia de la Cámara de Diputados, Reginaldo Sandoval Flores, coordinador de los diputados del PT; y a la diputada federal de Michoacán, Vanesa López Carrillo. También al embajador de la República Islámica de Irán, Abolfazi Pasansiden, a quien brindamos nuestra solidaridad por los acontecimientos que vive su nación; al príncipe Jean Louis Bingna, de la República de Camerún; y al embajador de Haití acreditado en nuestro país, el Dr. Hubert Labbé, quien recordó con cariño a Veracruz, a su paisano el Dr. Lionel Michaud Laurent —vecino de la Cruz de la Misión— y, sobre todo, un platillo del puerto de Veracruz: el plato volador. El diplomático africano Dr. Arsene Romaric Tatsazue.

 

Fue un enorme placer volver a saludar a la primera bailarina mexicana, Sonia Amalio, embajadora emérita de la cultura mexicana en las 15 repúblicas de la ex URSS durante más de 30 años. También a mi amigo, el muralista Ariosto Otero, quien me pidió darle un mensaje a la secretaria de Cultura, mi amiga Xóchitl Molina. La novedad fue conocer al Dr. Sam Lobo, quien se presentó como candidato independiente para la Ciudad de México. Cuando nos presentaron como veracruzano, afirmó con seguridad: “Mi bisabuelo fue motor en la independencia de México, en el puerto de Veracruz”. Rápidamente le respondí que se trataba de J. B. Lobos, el único veracruzano que firmó el acta de independencia de México en 1821.

 

La ceremonia protocolaria inició con la entonación del Himno Nacional Mexicano y después del ruso. Posteriormente, en su mensaje, el embajador ruso afirmó:Hoy celebramos el aniversario de 36 años de la historia moderna de Rusia. En realidad, la trayectoria de nuestro país como Estado es mucho más larga e históricamente cuenta con más de 1200 años. El lapso de 36 años de su etapa contemporánea es muy corto.Pero en este período atravesamos un camino que normalmente toma siglos y que incluyó un cambio radical de las bases políticas de la gobernanza del país, la construcción de un nuevo modelo de desarrollo económico, la reorganización del sistema de seguridad social. Claro que quedan muchos hitos por lograr, muchos desafíos, a veces problemas. Pero estamos absolutamente seguros de que seguiremos el rumbo elegido, desempeñando el papel de un actor global y activo con su propia política independiente y soberana

Por su parte, el diputado federal del PT afirmó: México y Rusia, aunque geográficamente muy distantes, compartimos importantes valores: el respeto a la soberanía, la dignidad nacional y la defensa de nuestra identidad. A lo largo de los años, nuestros lazos han crecido no solamente en el terreno diplomático, sino también en lo cultural, lo académico, lo científico y en el entendimiento entre nuestros pueblos

Ya en la conversación, con un vino tinto, hubo que hablar sobre el personaje veracruzano más desconocido: Juan Bautista Lobo Campos.Nació en Xalapa el 1 de diciembre de 1764 y falleció en 1831. Fue comerciante .Hijo de Juan Santiago Lobo Candiani y de Manuela García Campos Arraydo. Su familia, aunque afincada entre Cádiz y Xalapa, provenía de Pegli, en la República de Génova (península itálica).

 

Casó en Veracruz el 23 de diciembre de 1794 con María Ramona Pérez Callejo. Fueron hijos de este matrimonio: María Manuela Lobo Pérez (1797), Juan Bautista Félix Venancio Lobo Pérez (1799) y Ana María Dolores Sebastiana Ramona Lobo Pérez (1805). Pertenció al Consulado de Comerciantes, fue regidor del cabildo de Veracruz y director general de tabaco. En 1812 promovió un acuerdo con los insurgentes de José María Morelos y una entrevista entre el virrey de Nueva España, Francisco Xavier Venegas, y el líder independentista mexicano, el licenciado Ignacio López Rayón.

 

En 1814 se encontraba como diputado en la diputación provincial de Nueva España, siendo virrey Félix María Calleja. Seis años después, en 1820, fue designado nuevamente diputado por Veracruz. Durante el imperio de Agustín de Iturbide (1822-1823) fue vocal de la Junta Soberana Gubernativa del Imperio y nombrado caballero de número de la Orden Imperial de Guadalupe. Falleció en 1831, siendo presidente de México Anastasio Bustamante (1780-1853). En la ciudad de Veracruz, la avenida J. B. Lobos recuerda a este firmante de la independencia mexicana.

            Fue los 36 firmantes del Acta de indepedencia, todos ellos españoles, criollos, ningun indigena ni afromestizo. Hay el problema como se escribe, el apellido, en los documentos coloniales aparece como Lobo, y seguramente un error de dedo de la agregaron la S.

Rafael Alfonso Campos Romero, 17 de mayo de 1970 – 27 de mayo de 2026

  

Rafael Alfonso Campos Romero, 17 de mayo de 1970 – 27 de mayo de 2026  

 

Ángel Rafael Martínez Alarcón

 

El pasado miércoles 27 de mayo de este año 2026, la vida se me partió en dos con una sola llamada, de camino a mi centro de trabajo en Coatepec.

 

Esa mañana había preparado mi agenda con la ilusión de reencontrarme con un gran amigo y ex compañero del doctorado en el Departamento de América I de la Universidad Complutense de Madrid, en el decimotercer piso de la Facultad de Geografía e Historia. El escritor Jorge F. Hernández, invitado a la Feria Internacional del Libro Universitario de la Universidad Veracruzana, presentaría esa tarde su reciente novela *Alicia nunca miente* (2025), bajo el sello de Alfaguara. Todo era alegría. Pero el teléfono sonó y todo cambió.

 

—Rafa, murió tu tocayo, el Bolsas.

 

Casi me infarto. Apenas hace días había cumplido 56 años. Un mundo de recuerdos me cayó encima como un derrumbe. Mis planes de reunirme con Jorge F. Hernández se volvieron ceniza.

 

Nuestro último encuentro fue hace apenas un mes, en el café de Don Justo, en el centro de la ciudad. Esa tarde de abril nos cambiamos de silla porque el trinar de los pájaros, que a las seis de la tarde regresan a su árbol para dormir, nos pedía otro rincón. Nos pasamos a un lado, y con una sonrisa me mostró una fotografía: el arzobispo de Xalapa, Jorge Carlos Patrón Wong, ofreciéndole al Sumo Pontífice café de la región. "Mira", me dijo cómplice. Como siempre con Rafa Campos: siempre tenía entre manos todo tipo de proyectos literarios, musicales, guiones, históricos. El proyecto en puerta era escribir una biografía del profesor Adalberto Lara Hernández (1895-1970), cuyo nombre lleva su centro de trabajo como docente de educación básica. Durante tres horas conversamos sobre la importancia de las fuentes para escribir una biografía. Él, egresado de la Escuela Normal Veracruzana, con una larga trayectoria como burócrata de la educación en Veracruz, era muy cuidadoso con sus fuentes. En nuestra ciudad de Xalapa, ese profesor tiene una escuela y una calle en la colonia Aguacatal. Rafa lo sabía todo.

 

Esa mañana del miércoles no hice más que recordar al Bolsas, como muchos de sus amigos le llamábamos con cariño. Ambos nacimos y crecimos en el centro histórico de Xalapa: él en el corazón del centro, yo en la Cruz de la Misión. Nos conocimos en los primeros cursos de verano del recién fundado Ágora de la Ciudad (1979), seguramente en uno de pintura o dibujo. Fuimos creciendo, nos saludábamos. Pero fue en mi centro laboral, el Instituto de Intercambio Cultural México-URSS "José Mancisidor", ubicado en la avenida de las Américas 192, altos, donde la amistad se fortaleció. Él, ya en secundaria, empezó a frecuentarme al instituto. Ahí había un arsenal de propaganda del país de los soviets: boletines de información de la embajada de la URSS en México que se distribuían gratuitamente por correo, sedes diplomáticas, institutos de relaciones culturales. Rafael Campos tenía una observación muy puntual sobre los materiales y su producción editorial, desde el formato hasta los colores. Siempre con prisas. Esa actividad continuó en el bachillerato, ya más crítico, pero nunca dejó de leer los materiales producidos por la Agencia de prensa Novosti.

 

Llegó su tiempo de alumno de la Centenaria y Benemérita Escuela Normal Veracruzana. Para aquellos tiempos ya era una estrella juvenil del fútbol. Continuó visitando el instituto por la propaganda soviética, y se convirtió en líder de los estudiantes de la Normal, sustituyendo en dicho liderazgo a otro estimado amigo y compañero en Historia, Guillermo Manzano. También en esa etapa fundó su grupo musical "Jugosos Dividendos", con letras de su inspiración. Así, poco a poco, se fue ganando un espacio en la vida cultural de Xalapa. Destacó como guionista y conductor en programas de Radio Universidad Veracruzana, y más tarde como creador de contenido para el canal estatal del 4 más de Veracruz, fundado por don Rafael Hernández Ochoa. También incursionó como guionista en Televisa, en la serie *María de los Ángeles de todos los santos*.

 

Como escritor de la Editorial Ánimas, fundada por el empresario xalapeño Rodrigo Fernández ChedrauiRafael Campos escribió tres excelentes biografías de veracruzanos ilustres del siglo XX. Empezó con la biografía de don Justo F. Fernández López (1914-2001) y de Antonio Chedraui Caram (1923-1988), dos importantes empresarios de la ciudad que los vio nacer, con una magnífica colección fotográfica. También la del ex gobernador don Rafael Hernández Ochoa (1915-1990). Durante la redacción de dichas obras, me dio la oportunidad de colaborar con él. Como especialista en historia, con honestidad académica, dominaba con plenitud la redacción y la parte histórica, y sabía preguntar con toda humildad. Hoy, con su partida física, sería necesario recopilar toda su producción escrita en su versatilidad: poesía, música, historia, guiones. Tengo la seguridad de que es una obra abundante.

 

En Acrópolis, el espacio editorial de la Universidad de Xalapa, me invitó a participar en la elaboración de cápsulas históricas. Con una enorme vocación para dirigir frente a las cámaras, fue una experiencia inolvidable.

 

También tuve la oportunidad de verlo como asesor político en un número importante de campañas electorales. Su profesionalismo ante candidatos de diversas fuerzas políticas siempre fue impecable. Y siempre trabajó con una sonrisa a flor de piel.

 

La velación de sus restos en Bosques de Recuerdo, en la funeraria ubicada en la avenida Rafael Murillo Vidal, convocó al mundo intelectual y cultural de nuestra ciudad. Todos los presentes teníamos los rostros de tristeza por la prematura muerte del amigo, del compañero de un sinfín de actividades culturales. Largas letanías de anécdotas con el Bolsas se escuchaban entre nosotros. Con apenas 56 años de edad nos abandona. Su capilla ardiente, acompañada de todos los arreglos florales y coronas, se llenó de recuerdos. Pasada la media noche, el son jarocho empezó a tocarse.

En la madrugada de regreso casa, el taxista me pregunto por  el velorio, de Rafa Campos, me informó que  habian jugado futbol en Coatepec, y le habia revisado sus libros…

 

Hasta siempre, querido amigo de la vida.

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