La liberación de Venezuela, 2026
Que triste, se oye la lluvia
En los techos de cartón
Que triste vive mi gente
En las casas de cartón
Ali Primera (1941-1985)
Ángel Rafael Martínez Alarcón
Diciembre de 2025 definió, en cuestión de semanas, las pautas de la geopolítica mundial. Primero, se puso en marcha la estrategia militar para expulsar de la República Bolivariana de Venezuela a la líder opositora María Corina Machado, (1967) premio Nobel de la Paz en 2025. Esta operación contó con el apoyo de los servicios de inteligencia de los Estados Unidos de América, quienes —según se especula— lograron sobornar a sectores de las fuerzas armadas de la narcodictadura venezolana, y salir para la ceremonia del Premio Nobel de la Paz.
Paralelamente, se intensificaron los ataques del ejército norteamericano contra lanchas que transportaban drogas. Y, como por arte de magia, en la República Islámica de Irán —la primera teocracia moderna, instaurada en 1979, donde se han suprimido sistemáticamente los derechos humanos— estalló una rebelión popular en las últimas semanas. En redes sociales, la figura de Reza Pahlavi II (1960) comenzó a ganar peso como pretendiente al trono iraní.
En este contexto, un grupo de amigos reunidos en un café comenzó a especular y apostar sobre la tan anunciada intervención militar de los Estados Unidos en Venezuela, un tema que lleva 26 años en el debate público. Las opiniones se dividían entre quienes la apoyaban y quienes la rechazaban, y también sobre qué tipo de gobierno instalarían los "yankees" tras su llegada. El ambiente era de espera tensa; parecía cuestión de horas.
Algunos, sin embargo, discrepaban. Recordaban que durante el primer mandato del presidente Donald Trump (2017-2021), su administración no llevó a cabo intervenciones armadas significativas en el mundo. Es más, Trump (1946) fue el primer presidente estadounidense en establecer un diálogo directo con el líder de la República Popular Democrática de Corea.
México es, desde su fundación, la nación que más ha experimentado el acoso expansionista de su vecino del norte. Ya desde el primer embajador estadounidense ante el Imperio Mexicano se iniciaron gestiones para la compra de territorio. En 1836, Texas se separó de la federación y una década después se anexó a los Estados Unidos. Esto desencadenó, en 1848, una guerra de intervención donde las tropas estadounidenses ocuparon gran parte del norte del país. El resultado fue la pérdida de más del 50% del territorio mexicano, formalizada en el Tratado de Guadalupe Hidalgo del 2 de febrero de 1848.
Hasta 1914, con el gobierno de Victoriano Huerta,(1850-1916) una nueva invasión tuvo lugar en el puerto de Veracruz. De abril a noviembre de ese año, una flota estadounidense utilizó tecnología avanzada para documentar minuciosamente cada paso de la intervención. Es importante señalar que los gobiernos mexicanos que sufrieron estas invasiones no tenían vínculos con el narcotráfico.
Hace justo un año, cuando el presidente Donald Trump asumió nuevamente la presidencia, denunció que el gobierno de México tenía conexiones con el tráfico de drogas. Hasta la fecha, el gobierno federal no ha desmentido categóricamente cada una de estas acusaciones de "narco-gobierno". La justicia estadounidense tiene en sus cárceles a importantes narcotraficantes que financiaron las campañas de Manuel André López Obrador (1953); hoy, probablemente traicionados, están proporcionando toda clase de información.
En estos primeros días de enero de 2026, el presidente Trump ha declarado que vendrá por los políticos vinculados al narcotráfico. Ante declaraciones en favor de la soberanía nacional, surge una pregunta incómoda: ¿entregar parte del gobierno a las mafias del narcotráfico no es también violar la soberanía? ¿Recibir financiamiento de estas fuentes para campañas políticas no quebranta la soberanía del Estado?
Con la liberación de Venezuela, el pasado sábado 3 de enero de 2026, simpatizantes del narco-socialismo del siglo XXI y militantes de Morena salieron a protestar. Sin embargo, no protestaron por los casi 10 millones de venezolanos que han tenido que huir de su país, dejando atrás familia, propiedades y vida. Tampoco por los miles de presos políticos de la narcorevolución bolivariana, quienes nunca apoyaron las propuestas populistas de Hugo Chávez (1953-2013) y Nicolás Maduro,(1962). Ni por el fraude electoral del verano de 2025, cuyos resultados, casilla por casilla, mostraban la victoria de la oposición.
Los organismos internacionales de derechos humanos no han cesado de documentar y denunciar estas violaciones sistemáticas durante los últimos 26 años.
Mi interés por la historia de Venezuela data del invierno de 1992, durante mi último semestre de la carrera de Historia. En la materia de Investigación, impartida por el Mtro. Octavio García Mundo (1945-2017)—uno de los pocos hombres de izquierda verdadera, no como los farsantes de la 4T que hoy disfrutan de los privilegios que tanto criticaron del capitalismo—, vivíamos los días en que un militar de poca monta, el teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías, intentó un golpe de estado contra el presidente Carlos Andrés Pérez.(1922-2010) El intento fracasó y Chávez fue apresado, pero el gobierno permitió que lanzara un mensaje a sus seguidores. El maestro García Mundo nos pidió hacer un seguimiento periodístico de aquel incipiente movimiento bolivariano. A finales del siglo XX, Chávez fue elegido democráticamente presidente. Durante la primera década del siglo XXI, el destino de la rica Venezuela cambió para transformarse en la República Bolivariana, adoptando un modelo socialista que borró las instituciones democráticas.
Desde 2018, la 4T ha copiado fielmente el modelo venezolano, replicando hasta las consignas y políticas públicas.
La soberanía nacional de Venezuela hoy es un concepto complejo, erosionado por la dolarización informal de su economía, la presencia del ejército y miles de médicos cubanos, los intereses chinos, la influencia de movimientos como Hamás y, sobre todo, por el control del Cartel de los Soles, intrínsecamente vinculado al narcotráfico y al Estado. Nicolás Maduro gobierna el país desde 2013, tras la muerte de Hugo Chávez.
Los cubanos no lograron salvarle la vida en 2013, Hugo Chávez, támpoco los cubanos no logaron en 2026 que Nicolás Madura fuera capturado por los Estados Unidos.
En los próximos meses, sin duda, sabremos más sobre las relaciones ilícitas entre los gobernantes de la 4T y los dictadores de Venezuela. Mientras tanto, la República Islámica de Irán, tras 47 años de dictadura teocrática, también parece estar al borde del colapso.
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